El desnudo en el arte: Los grabados de Rembrandt

Cuando observamos las distintas representaciones del cuerpo humano a lo largo del Renacimiento y del Barroco apreciamos un intento de generar una imagen «bella» del mismo incidiendo en la proporción y en la armonía de las formas. Los cánones estéticos dependen de la época y, consiguientemente, no tienen por qué coincidir con los nuestros. En ocasiones las imágenes se deforman pero de un modo intencionado con objeto de reforzar su expresividad. Lo hemos visto en el Greco. Por todo ello me ha sorprendido la obra de desnudos de Rembrant. Veamos estos tres  grabados, el primero el clásico  Adan y Eva y los otros dos representan  a dos mujeres, desconocidas, sentadas en un montículo.

Adan y Eva - Rembrandt

Adan y Eva – Rembrandt

Es evidente la desproporción de los elementos de los cuerpos que, en estos casos, no parece corresponder con un deseo expreso del autor para enfatizar algún aspecto de la obra. Rembrandt fue un extraordinario retratista pero no llegó nunca a dominar la representación del cuerpo humano. Sin embargo es un genio de la pintura y en todas sus obras se aprecia un gran dominio de la técnica, un profundo conocimiento de la iluminación y, muy especialmente,  sus obras tienen una expresividad verdaderamente extraordinaria. No representan dioses, son personas de carne y hueso con las que, pensamos,  podríamos encontrarnos  en cualquier momento de lograr viajar al siglo XVII. Pocos pintores lograr hacernos tan creíbles sus personajes

Mujer desnuda - Rembrand

Mujer desnuda – Rembrand

Mujer desnuda sentada en un montículo - Rembrandt

Mujer desnuda sentada en un montículo – Rembrandt

Gozan de bastante fama las obras «Júpiter y Antiope» y , especialmente, la incorrectamente conocida como «Negra dormida» (no es una mujer negra) por su posible

Júpiter y Antiope - Rembrandt

Júpiter y Antiope – Rembrandt

relación con la «Venus del espejo» de Velázquez. Ambas obras destacadas de Rembrandt pero que, pese a poseer un mayor realismo en el tratamiento de los cuerpos femeninos, no tiene en mi opinión el encanto de esas miradas expresivas, vitales, que se dirigen hacia nosotros con una cierta complicidad y coquetería.

Negra dormida - Rembrandt

Negra dormida – Rembrandt

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El desnudo en el arte: Los imagineros españoles del siglo XVII

El siglo XVII en España no fue muy propicio para la representación del desnudo. La Contrarreforma en general y la Inquisición en particular, impusieron una rígida censura a  todo lo que consideraban licencioso. La excusa mitológica empezaba a estar mal vista y las obras de carácter religioso tampoco proveían materia adecuada para la representación del cuerpo desnudo. No todos los artistas podían gozar de la libertad de Velázquez, pintor real. Sorprende, por tanto, encontrar desnudos dentro de la obra de alguno de los imagineros más destacados del momento.

El artista más destacado de la escuela castellana de escultura fue, sin duda, Gregorio Fernández, cuyos Cristos yacentes, crucificados y piedades, son hoy el orgullo de Valladolid y su Semana Santa. Voy a mostrar dos obras de este autor.

San Gabriel - Gregorio Fernández

San Gabriel – Gregorio Fernández

La primera es una talla de 1,10 metros, una obra temprana en madera hueca policromada que representa al arcángel San Gabriel como un joven completamente desnudo. El cuerpo, extraordinariamente bien tratado muestra sin embargo una cierta idealización (alargamiento de las extremidades y el cuello). La policromía rosácea destaca la juventud del joven. Una postura aerodinámica y la posición de las manos (me recuerdan a las de un bailarín de danza clásica) le suministran elegancia y un cierto toque etéreo e ingenuo al mismo tiempo. La obra se la ha relacionado con el “Mercurio alado” de Juan de Bolonia, un florentino del siglo XVI y, ciertamente, el parecido de las posturas es muy grande.

Mercurio alado - Juan de Bolonia

Mercurio alado – Juan de Bolonia

El tratamiento del pelo y los ojos vítreos postizos serán los mismos que los que veremos en la obra posterior de este escultor, aunque en ésta el realismo y dramatismo de las figuras se vuelve dominante.

La segunda obra que les muestro de este autor es el “Ecce Homo”. Considerada por algunos como la pieza más destacada de Gregorio Fernández, muestra una talla en madera maciza de Cristo de tamaño natural. La imagen clasicista sorprende por la posición de los brazos y las manos que nos recuerdan a las de las Venus, clásicas o renacentistas. El cuerpo proporcionado y en contraposto tiene un color relativamente claro que destaca en la espalda los tonos rojizos y ocres de los golpes y la sangre. Muy característico de toda la obra de este maestro es la representación de un Cristo con cabello, bigote y barba muy abundante y rizada. Esta

Ecce Homo - Gregorio Fernández

Ecce Homo – Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo I - Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo I – Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo II - Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo II – Gregorio Fernández

última partida. Los ojos son postizos, como en la obra anterior. El paño de pureza con muchos y rígidos pliegues (una de las características del autor), no se encuentra labrado sino es un lienzo encolado superpuesto. El Cristo está desnudo.

Si Gregorio Fernández fue el centro de la imaginería de la escuela castellana, Alonso Cano es uno de los exponentes máximos de la otra escuela que existió en ese momento: la escuela andaluza. De su extensa producción escultórica, en la que destacan las imágenes de la Virgen en actitudes amables y muy alejadas del dramatismo de Gregorio Fernández, sólo conozco un desnudo, “El niño Jesús triunfante”. No se trata de una talla en madera sino una fundición en “peltre”, una aleación en la que domina el plomo, sobre la que se establece la policromía, muy cuidada en este caso. La imagen es tremendamente realista (no abundan los ejemplos de niños con apariencia de niños en la historia del arte hasta esa fecha), con barriga y ombligo destacados, un gracioso corte de pelo que se aleja de los característicos bucles y una mirada triste y melancólica.

Niño Jesús Triunfante - Alonso Can

Niño Jesús Triunfante – Alonso Can

Niño Jesús Triunfante (detalle) - Alonso Cano

Niño Jesús Triunfante (detalle) – Alonso Cano

Alonso Cano no sólo fue un escultor sino también un pintor prominente. Merece destacarse esta obra, “Descenso de Cristo al Limbo”, en la que aparece un desnudo de Eva cuidado y sugestivo tratado al modo de los artistas clásicos del renacimiento italiano (Tiziano, Tintoretto o Veronés). La obra estructurada en

Descenso al Limbo-Alonso Cano

Descenso al Limbo-Alonso Cano

diagonal dirige nuestra atención hacia los condenados (mirada de Cristo y de las dos figuras adultas) y de estos hacia la promesa de salvación (brazos de Cristo y bandera),

Descenso al Limbo (dibujo preparatorio) - A. Cano

Descenso al Limbo (dibujo preparatorio) – A. Cano

adquiriendo un cierto dinamismo. Hay mucho espacio sobre las figuras lo que destaca el carácter trascendente de éstas. La luz desde el vértice inferior izquierdo modela y aclara el cuerpo de Cristo y el de Eva. Es posible que la parte inferior izquierda, muy esbozada, indique que la obra está incompleta. No es seguro. Lo que si es cierto es el interés del autor por la misma puesta de manifiesto en la existencia de un dibujo preparatorio.

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El desnudo en el arte: Un comentario crítico de «El Espectador»

Les muestro un comentario que me parece interesante sobre el desnudo en el arte publicado por el diario «El Espectador» el pasado mes de agosto y que reenvía a Facebook el grupo «Naturismo de Tenerife, Naturismo en Tenerife».

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Dimitris Papaioannou, un gran creador griego de nuestro tiempo

Dimitris Papaioannou, nació en Atenas en 1964. Pintor, artista visual, ilustrador, creador de comics, diseñador, escenógrafo, …Uno de los creadores culturales griegos más destacados del momento. Saltó a la escena internacional con su aclamada dirección creativa de la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004.

Su obra es muy amplia y el desnudo tiene un gran protagonismo en una buena parte de ella. En ocasiones controvertido, como en su producción de comics donde adquiere un carácter sexualmente explícito de tipo gay.

No resulta fácil ver sus video-creaciones de un modo completo pues suelen tener una duración muy grande. Algunas de sus performances transcurren durante horas. Aun así podemos ver fragmentos significativos de las mismas en Internet. En su página web personal nos encontramos con enlaces a los mismos en Vimeo y Youtube. Selecciono aquí dos fragmentos.

El primero corresponde a la parte central de la obra “Nowhere”. Nowhere (Ningún Lugar) explora la naturaleza del espacio teatral, modificado siempre por los espacios y por los propios cuerpos de los actores que interaccionan en el mismo para denotar cualquier lugar y sin embargo definido para un no-lugar. La parte central de la obra, mostrado aquí, es un homenaje a Pina Bausch, una bailarina, coreógrafa y directora alemana pionera en la danza contemporánea.

El segundo es un recopilatorio de extractos de «Primal Matter», una performance en la que participa el propio Papaioannou y que pretende mostrar la desgarrada identidad griega de hoy en día:

el cuerpo desnudo y vestido, silencioso y desmembrado, el cuerpo como un campo de batalla en un diálogo entre la historia y el presente, en equilibrio entre identidad y alteridad (Programa de «Athens and Epidaurus Festival 2015»)

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El desnudo en el arte: La «Venus del espejo» de Velázquez

La «Venus del espejo» o «Venus de Rokeby» es una obra sorprendente y cautivadora. Constituye el único desnudo que nos ha llegado de Velázquez, aunque está documentada la existencia de otros tres  desnudos de los que se ignora su paradero.

El tema parece sencillo: una mujer (¿Venus?) desnuda, reclinada de espaldas se mira ante un espejo sujetado por un angelote (¿Cupido?). No se sabe ni cuándo ni dónde se pintó esta obra, ni tampoco podemos estar muy seguros de su significado. Velázquez no siempre tiene una lectura sencilla y prueba de ello es que un cuadro que siempre consideramos como costumbrista y denominamos «Las hilanderas» se ha revelado con un significado mitológico y hoy se designa como «La fábula de Aracne». Hay quien considera que pretendió pintar una mujer real, no una diosa, quizás a una amante del rey. Estas consideraciones se basan en que el supuesto Cupido se añadió en una etapa posterior y en la falta de definición de la cara reflejada en el espejo. Si tenemos en cuenta que la Inquisición atacaba a todo lo que podía considerar como libidinoso, y que las mujeres decentes no podían posar desnudas, el aparente tema mitológico pudiera ser una simple excusa.

La Venus del espejo (Velázquez)

La Venus del espejo (Velázquez)

La obra tiene un claro precedente en las Venus de Giorgione y Tiziano que ya he comentado pero, contrariamente a éstas, se dibuja de espaldas. Se indica como una posible

Hermafrodita de Borghese

Hermafrodita de Borghese

influencia el «Hermafrodita de Borghese», una escultura romana del siglo II, copia de una obra griega de Policleto, a la que Velázquez tenía en alto aprecio.

La presencia del espejo fue un recurso bastante usual en el Barroco pues permitía introducir un tema de profundidad en obras que de otro modo se verían como bastante planas. Lo veíamos ya en la célebre obra de Van Eyck «Los esposos Arnolfini» y lo encontramos en la obra de Rubens «Venus ante el espejo». El

Venus del espejo (Rubens)

Venus del espejo (Rubens)

propio Velázquez hizo también uso del mismo para reflejar la imagen de los reyes en «Las Meninas». Lo que resulta más sorprendente es que tal y como se encuentra colocado el espejo, la imagen reflejada no es nada realista. No lo era en el caso de Rubens, pero en  Velázquez es mucho más exagerado pues el espejo debería mostrar el busto de la dama y no su cara.

La obra tiene una estructura en diagonal, que ya hemos visto que usaba mucho Rubens. La luz no surge del vértice inferior izquierdo, sino de todo el lateral izquierdo. Es una luz tamizada, que no origina fuertes contrastes claro-oscuro, que envuelve y da calidez a las formas. El trazo, amplio, genera límites imprecisos en el cuerpo de la Venus, aumentando su carácter sugerente. El cortinaje rojo y la colcha gris que sirve para destacar las carnaciones claras del cuerpo de la joven aumentan la sensualidad de la escena.

Una última nota sobre el significado de la obra. En el catálogo de la exposición «Velázquez» que realizó el Museo del Prado en 1990, los autores parecen decantarse por un significado mitológico-simbólico de la obra. Se indica que Cupido no se muestra realmente como un personaje que se limita a sujetar el espejo, y las cuerdas que se encuentran encima del mismo nunca servirían para colgar le mismo. La mirada triste de Cupido a la diosa y sus manos superpuestas, que podrían estar ligadas por el cordón, indican su sumisión. Es el Amor esclavo de la Belleza.

La obra mostrada sufrió un ataque vandálico en 1914, al ser acuchillado por una sufragista que justificó su acción por su indignación ante el comportamiento babeante de los hombres ante el cuadro. Por suerte pudo ser restaurada en 1965 sin que se aprecien las incisiones.

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Consideraciones sobre «el desnudo en el arte»

Creo que debo comentar mi papel en esta pequeña serie de artículos dedicados al desnudo en el arte. Mi formación curricular es totalmente científica por tanto  – y quede claro – no soy un especialista en Arte, pero desde la ya muy lejana época en la que cursaba una asignatura de Historia del Arte en el antiguo Bachillerato, que se limitaba a la memorización de los títulos de una serie de obras y autores (ni siquiera se proyectaban las mismas y los libros de texto reproducían muy pocas) me pareció que el Arte podía ser algo interesante. Con el tiempo he visto, leído y, especialmente, creo que me he ido acercando al arte de verlo y admirarlo, aunque se que me queda mucho camino por recorrer.

De entrada al neófito suele presentarse los siguientes interrogantes: ¿Qué es o qué pretende ser el Arte? ¿Qué es bueno y qué es malo en el mismo? ¿Tiene que ser “bonito” el Arte? ¿Son los precios que asigna el mercado un indicador del valor de la obra artística?

Debo decir que para mí el Arte puede recrear la naturaleza pero igualmente generar nuevos mundos inexplorados. Ninguna obra puede ser totalmente realista porque la realidad es irrepresentable. Incluso la técnica considerada más realista, como es la fotográfica, modifica la realidad: la propia elección de un encuadre dirige la mirada y realza la presencia o ausencia de los objetos. Crea su propia realidad y en este sentido digo que todo el arte puede recrear la naturaleza, nunca copiarla.

No importa cuál sea la realidad objetiva expresada en la obra artística. Ésta siempre debe hacernos reflexionar. Una obra artística no se agota en una simple mirada, y eso es  válido tanto para las obras que consideramos realistas como para las menos figurativas y más abstractas. Ante una obra deberíamos reflexionar sobre lo que nos dice, lo que el autor quiere transmitir y la adecuación de los elementos técnicos y compositivos a la transmisión de esa idea. Huyamos, por favor del término “bonito”. El Arte no tiene por qué transmitir belleza, salvo que ésta se interprete de un modo muy muy amplio.

El mercado no es un indicador de la calidad artística. Algunos  de los que reconocemos como maestros, fueron ignorados en su día, mientras que otros que vendieron muy bien su obra hoy se consideran autores muy secundarios. Algunos también muestran vaivenes en su apreciación histórica. Posiblemente un buen número de las obras contemporáneas almacenadas en los museos actuales pierdan todo su interés en el futuro y se valoren a otros artistas, coetáneos nuestros, que ahora pasan desapercibidos.

El segundo aspecto de esta serie que debemos considerar es el desnudo. Como naturista, mi relación hacia el desnudo es el de naturalidad y respeto. El cuerpo humano siempre es atractivo en su dignidad, y los variables cánones estéticos no deberían hacernos olvidar este aspecto. Todo el cuerpo es digno, sin partes sucias o pudendas que deban ocultarse a la mirada.

De un intento de fusionar estas dos pasiones, arte y desnudo, surge esta serie de publicaciones. Mis consideraciones no son ni pueden ser muy eruditas, ni pretenden ni mucho menos abarcar todas las lecturas posibles de una obra artística. Ello me que sería imposible. Pero me gustaría mucho lograr que algunas personas se interesasen como yo por el Arte y no viesen la pintura como una simple estampita que, directamente o reproducida, sirva para decorar un rincón de nuestra casa.

También quiero mostrar la existencia de nuevas formas de expresión artística que surgen de las innovaciones tecnológicas. El arte siempre es fruto de una época y debemos ser capaces de contextualizarlo.

En resumen, el arte debe hacernos reflexionar sobre el Arte, y sobre nosotros creadores y consumidores del mismo.

Gracias a todos los que me siguen en este intento.

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El desnudo en el arte: El desnudo masculino en Rubens

Si lo comparamos con el desnudo femenino, el desnudo masculino ocupa un lugar muy poco destacado en la obra de Rubens. El desnudo más explícito solo lo encontramos en algunos dibujos y bocetos en los que la influencia de Miguel Angel se hace muy palpable tanto en el tratamiento de los volúmenes como en la representación de los genitales masculinos, relativamente minimizados. Posiblemente también influyeron en su obra los estudios anatómicos de Leonardo de Vinci, al que el autor considera uno de sus maestros.

Dos hombres desnudos...según Miguel Angel (Rubens)

Dos hombres desnudos…según Miguel Angel (Rubens)

En su primera producción se reconoce fuertemente el estilo del Renacimiento italiano, como en la obra «El rapto de Ganímedes» que cuenta la leyenda de Zeus que, enamorado de la belleza de pastor Ganímedes, se transformó en águila, lo raptó y lo llevó a los cielos. Existen tres versiones de esta obra y muchos bocetos. La que les muestro es la más antigua y en la que se aprecian no solo esos volúmenes de Miguel Angel, sino esa concepción idealizada del cuerpo humano al gusto de los italianos. Insisto en ese punto porque no parece ser la característica más destacada de la obra posterior de Rubens, como veremos. La claridad de la piel contrasta fuertemente con  los tonos negros del águila, realzando la juventud del personaje. Ganímedes no se opone al rapto y parece descansar plácidamente sobre el águila que lo transporta a los cielos. El autor realizará dos obras posteriores en las que el tratamiento de la imagen será muy diferente y la oposición del pastor a su rapto llegará a ser total alejándose del carácter homoerótico que impregna esta pintura.

El rapto de Ganimedes

El rapto de Ganimedes

En cualquier caso el estilo propio de Rubens se hace patente en la composición: La estructura circular en la que se inscriben las dos figuras principales Ganímedes-Zeus. Una diagonal que desde el vértice inferior izquierdo al superior derecho dirige la luz  y divide la obra en dos triángulos. Casi sobre la diagonal un arabesco que incluye el contraposto  del cuerpo del joven (y en cierto sentido del águila) dirige la mirada en forma ascendente. El polo de atracción: la estructura triangular de las miradas de las dos figuras femeninas y la del pastor, que parece que lo sujetan mucho más que las manos de éstas. Todas las figuras humanas están en el triángulo superior, más claro, celestial. La obra dispone de un gran dinamismo. El tratamiento de la figura que acabamos de ver es, creo, excepcional. En el tratamiento de la imagen del hombre Rubens parecía más interesado en la expresividad que en la belleza de las formas. Sus volúmenes, de inspiración en Miguel Angel se vuelven más rotundos, la

Adán y Eva (Rubens)

Adán y Eva (Rubens)

piel se oscurece. Rubens no canta a la belleza y tampoco a la juventud. Observemos esta representación de Adán y Eva. Eva es una joven, pero Adán no lo parece. Aunque se aprecian sus músculos su cuerpo no está idealizado. Encuentro muy atractiva esta obra, posiblemente por su composición que para mi resulta el principal atractivo de la producción de este autor. La luz viene, como en el cuadro anterior del vértice inferior izquierdo del cuadro pero la linea directoria de la mirada no es la diagonal sino el Árbol del Bien y del Mal. Alrededor del mismo serpentean las figuras en una envolvente formada, fundamentalmente, por los brazos: Brazo derecho de Adán, brazo izquierdo de Adán, brazo izquierdo de Eva y brazo derecho de un angelote (?) que curiosamente es el que ofrece a Eva la manzana. Las miradas no forman el triángulo indicado en la obra de Ganímedes. Aquí Adán mira a Eva y Eva al angelote, en un rito ascendente. Por último quiero hacer notar la  formación de un rombo imaginario generado por la manzana -los brazos de Eva -cabeza de Adán – manzana. El rombo es una figura con connotaciones eróticas  y ligadas desde la cultura griega a lo femenino. La mano de Adán, que casi roza un pecho de Eva, refuerza este carácter. Monumentalismo y expresividad definen a este  «Hércules Borracho» que pese a estar asistido por dos figuras, sobre un fondo de personajes confuso, dirige hacia nosotros una mirada desafiante.

Hércules borracho (Rubens)

Hércules borracho (Rubens)

Pero, quizás una de sus obras más impresionantes es el «Prometeo Encadenado». Prometeo robó a Zeus su rayo y con él desveló el secreto del fuego a los mortales. Como condena un águila devoraba eternamente su hígado que seguía creciendo (bueno, al final parece que Zeus lo perdonó, pero el conocimiento, claramente, estaba mal visto por los dioses).

Prometeo encadenado (Rubens)

Prometeo encadenado (Rubens)

Nuevamente la obra se estructura siguiendo una diagonal, tanto en la disposición de las figuras como la dirección de la luz,  pero esta diagonal es la opuesta a la que vimos en «El rapto de Ganímedes». Lo que allí suponía un ascenso aquí muestra descenso, reforzado por la disposición inusual del cuerpo que dispone la cabeza en el extremo inferior derecho de la obra. Prometeo se encuentra fuertemente aprisionado a la roca y no sólo por la pequeña cadena que muestra su brazo izquierdo. En el rapto de Ganímedes las alas desplegadas del águila se disponían casi paralelamente al personaje intentando sostenerlo y elevarlo, pero aquí la misma disposición pero invertida  le dan un aspecto coercitivo, dominante. La mirada del verdugo y la víctima se enfrentan en un bucle casi elíptico del que forman parte la pata, la parte superior del ala y la cabeza del águila. La tensión también se aprecia en los músculos y en la cabeza de Prometeo, muy esbozada, que parece intentar levantarse.

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El desnudo en el arte: El desnudo femenino en Rubens

Me resulta algo difícil comentar el desnudo femenino en Rubens por dos motivos. Uno, la impresionante cantidad de obras que se conocen del artista (más de 1500) y, un segundo motivo, la dificultad de sustraerse a unos cánones estéticos que suelen estar bastante alejados de los predominantes en nuestros días. Sin embargo es indiscutible su extraordinaria importancia e influencia en el mundo del arte.

Como hay que escoger, empiezo con su obra más conocida: Las tres Gracias, que se expone en el Museo del Prado. Rubens toma aquí un tema muy clásico, tanto en el contenido como en su representación. Las tres gracias eran hijas de Zeus y Eurimone y representaban la afabilidad, la simpatía y la delicadeza. Siempre se representaban desnudas y enlazadas entre si y eran diosas de la belleza, la sexualidad y la fertilidad, por lo que en ocasiones sus imágenes se ven relacionadas con ceremonias o festividades nupciales.

Las tres Gracias (Mural de Pompeya)

Las tres Gracias (Mural de Pompeya)

Las tres Gracias (Rafael)

Las tres Gracias (Rafael)

Observemos como Rafael «copia», en gran medida, la composición del mural de Pompeya. Comparemos ahora estas obras con la de Rubens:

Las tres Gracias (Rubens)

Las tres Gracias (Rubens)

Se representan las diosas como mujeres muy entradas en carnes, pero proporcionadas. Hay quien dice que este es un elemento característico del barroco donde la distinción y la salud estaban muy ligadas a la buena alimentación.Con todo,  pienso que en este caso se debe, particularmente, al gusto del pintor, ya que la Gracia de la izquierda era su última esposa, Hélène Fourment (con la que se casó cuando ella tenía dieciseis años y él más de cincuenta). Las otras dos figuras pueden ser variaciones sobre la primera aunque también se ha indicado que  la del centro pudiera ser su anterior esposa Isabella Brant. La influencia del claroscuro de Caravagio está patente con esas luces que modulan el cuerpo de las jóvenes. La piel está delicadamente tratada con finas veladuras, logradas diluyendo el óleo en aguarrás, y tiene un tinte blanco-rosado. Desde el punto de vista estructural dominan las líneas curvas y las tres figuras se encuentra intimamente ligadas entre si (mucho más que las de Rafael) por las posiciones de los brazos y las miradas. Se enmarcan en un paisaje interior, muy recargado que las separan de un paisaje exterior más natural.

Las tres Gracias (Rubens, en la Galeria Palatina)

Las tres Gracias (Rubens, en la Galeria Palatina)

La versión que se muestra a la izquierda es mucho menos conocida y se encuentra en la Galeria Palatina-Palacio Pitti (Florencia). Se trata nuevamente de un óleo pero con la técnica de la grisalla, que da a la obra un aspecto escultórico. El barroquismo del fondo es patente pero no hay color que nos distraiga de la apreciación de las formas. Formas sinuosas pero no tan rotundas como el la que comentaba anteriormente. Tampoco existe esa unidad formal de la obra anterior. La figura de la derecha mira al espectador mientras que las otras dos se mantienen muy ligadas entre si, cómplices y ajenas a lo que las rodea. Una imagen con gran sensualidad y erotismo.

Otra obra, muy característica de Rubens, es «el rapto de las hijas de Leucipo», nuevamente una obra mitológica protagonizada por Castor y Polux.

El rapto de las hijas de Leucipo (Rubens)

El rapto de las hijas de Leucipo (Rubens)

El tratamiento voluptuoso de las figuras femeninas es el mismo: sus formas redondeadas y su piel clara que contrasta fuertemente con la piel oscura de los personajes masculinos. La obra atrae fundamentalmente por su extraordinaria composición.

Las figuras se inscriben en el interior de un círculo con un alto grado de simetría respecto de las figuras femeninas y masculinas. Ello nos obliga a fijar la atención. También existe una pseudosimetría respecto a un eje vertical más desplazado hacia la derecha que genera una zona de tensión en la que se encuentran fundamentalmente los dos cuerpos femeninos y que dirige la mirada de abajo a arriba a través de una línea ondulante.

Los colores diferentes de los caballos, más cálido el del primer plano y más frío el situado al fondo generan una perspectiva en la que el paisaje tiene poca importancia. Su actitud briosa aporta dinamismo a la obra, un dinamismo superior al que sugieren las posiciones de los cuerpos. En el fondo la escena no tiene un gran dramatismo. Las cuatro figuras se encuentran fuertemente ligadas entre si por una composición triangular que agrupa las miradas de los dos hombre y la mujer situada en el plano inferior. Un rapto por amor, como sugiere el cupido de la izquierda.

La luz viene fuertemente dirigida desde el ángulo superior derecho generando dos triángulos luminosos que enmarcan a las dos mujeres, bastante simétricos respecto a la diagonal. Las mujeres protagonizan la escena y las lineas curvas de sus cuerpos (convexa y cóncava respecto de la diagonal) aumentan la sensualidad de las mismas.

Se ha dicho que ésta no es una obra para todos los públicos, pero creo que si la analizamos con calma acabaremos por apreciarla plenamente.

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La danza Butoh

El Ankoku Butō (暗黒舞踏?) conocido en occidente simplemente como Butō -o Butoh por su transliteración inglesa-, es el nombre utilizado para referirse al distinto abanico de técnicas de danza creadas en 1950 por Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata, que, conmovidos por los fatídicos bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, comienzan con la búsqueda de un nuevo cuerpo, el cuerpo de la postguerra. Cabe aclarar que durante esa década, las imágenes de algunos sobrevivientes llenaban las calles. Estos caminaban con sus cuerpos quemados y con los globos oculares reventados y colgando sobre sus mejillas. Así nació el Butō, la danza hacia la oscuridad.

Normalmente involucra movimientos lentos, expresivos e imaginativos. La temática del butō es tan amplia como difusa, tocando aspectos fundamentales de la existencia humana. Es habitual explorar la transición entre estados anímicos y, a la vez, el cambio de la forma física del cuerpo humano en las formas más variadas, ya que el bailarín de Butō deviene mediante la danza (y su técnica particular) en distintos objetos, figuras, en fin, en distintos cuerpos. El Butō es una reflexión del cuerpo sobre el cuerpo y el lugar que este ocupa en el Cosmos. No hay decorado o vestuario determinado; es habitual que los intérpretes actúen desnudos o pintados de blanco. La improvisación es parte fundamental de este estilo de danza, la idea no es pensar el hecho sino sentirlo: «No hablar a través del cuerpo, sino que el cuerpo hable por sí sólo».

(Tomado de la Wikipedia)

Animal Factory Live

“The story of three clones in a future of abundance of organs for transplantation and labor at no cost. A metaphor of the present, a reflection on Butoh dance.”
Dance: Stefano Taiuti, Alessandro Pintus, Caterina Genta
Music: Joe Casagrande
Video: Ran Ancor
Lights: Gianni Staropoli
Concept and choreography: Stefano Taiuti
BWPWAP.»

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El desnudo en el arte: El desnudo masculino en El Greco (2ª parte)

Me han comentado que en mi discusión anterior sobre el Greco no planteé el desnudo masculino completo en la obra de este autor. Ciertamente, los condicionantes anteriormente citados obligaban a los artistas a pintar, como mucho, un cuerpo semidesnudo y eso sólo para el caso de algunas imágenes de Cristo, los mártires y algunos Padres del Desierto. Los temas del Greco se hacen eco de estas limitaciones y en sus temas religiosos, salvo unas imágenes muy poco visibles en El martirio de San Mauricio (incluído el santo), solo conozco la existencia de una obra en la que exista este planteamiento: «La visión de San Juan» que representa la apertura del séptimo sello en el Apocalipsis.

La visión de San Juan - El Greco

La visión de San Juan – El Greco

Sin embargo, el desnudo adquiera un protagonismo total en su única obra de carácter mitológico: «Laoconte» (1610). El motivo mitológico es bien conocido: El sacerdote Laoconte intentó evitar que los troyanos aceptasen el caballo de madera que lo aqueos le ofrecían y que acabó con la destrucción de la ciudad. Cuando intentó quemar lo Neptuno envió a dos serpientes que devoraron a sus hijos y, finalmente, a él mismo.

El Greco crea una obra muy inspirada en la célebre escultura helenísitca de «Laoconte y sus hijos» que, sin duda, conoció durante su estancia en Italia,sin embargo el significado de su obra ha dado lugar a toda clase de interpretaciones: ¿Por qué Troya es sustituída por una imagen de Toledo?, ¿quienes son las dos figuras que

Laoconte y sus hijos

Laoconte y sus hijos

aparecen de pié en la parte derecha del cuadro?, ¿por qué la cara de Laoconte es igual a la que utiliza en las representaciones de San Pedro?, ¿por qué dio tanta importancia a ésta, su única obra mitológica y muy tardía, que llegó a hacer al menos seis versiones de la misma?, ¿tiene la obra algún significado cristiano?.

La obra del Greco presenta dos estratificaciones, una horizontal y otra vertical. La primera está formada por el primer plano de las figuras recostadas, la ciudad de Toledo y el cielo. Entre las figuras y la ciudad  se aprecia un pequeño plano en el que se sitúa el caballo de la polémica que, dibujado de un modo sesgado, crea un vector aleja esta última del espectador del espectador. La estructura vertical está formada, en la banda izquierda, por uno de los hijos de Laoconte representado con desnudo frontal, mientras que en la derecha tenemos a esas dos enigmáticas figuras, una mujer de frente y una figura de espaldas, supuestamente un hombre. Estos planos verticales permiten un anclaje de los anteriores e impiden un lectura

Laoconte - El Greco

Laoconte – El Greco

lineal y calmada de la obra. El dramatismo se acentúa con una disposición circular de la figura del padre y los hijos: La luz, blanca y azulada, característica de la última época del Greco, apenas da volumen a los cuerpos, que envueltos en una linea negra tiene un cierto carácter plano. Las figuras muy alargadas, abocetas, pintadas con trazos largos. Todo tiene un carácter irreal y trágico al mismo tiempo,  y en este contexto los desnudos no revisten la menor sensualidad y los cuerpos se vuelven símbolos aunque no seamos capaces de conocer su significado último.

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