Francisco Leiro Lois (Cambados, Pontevedra, 1957) es un pintor y, fundamentalmente, un escultor español, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y referente en la talla de madera escultórica. La ciudad de Vigo dispone en sus espacios públicos de algunas de sus obras emblemáticas como «El Sireno«, «El bañista» o «Nadador» pero su obra también está presente en numerosos museos y colecciones públicas y privadas. El Museo de Bellas Artes de La Coruña comenta:
«Durante años su trabajo se centró en una exploración de la talla en madera, con imágenes burlonas que adoptan forzamientos, doblan sus cabezas o sufren extrañas contorsiones en sus cuerpos. Anuncia así el futuro tratamiento de su escultura de acuerdo a una línea más atrevida en su visión arcaizante y a una vena satírica de nuevo cuño. Ello se ve acentuado por la libertad en el tratamiento inacabado de la madera o por la aplicación de la policromía, que subraya ciertos rasgos, como los ojos de espanto, lo que otorga a sus figuras esa apariencia límite entre lo cómico y lo perverso».
«Su obra lleva al extremo la representación humana, exagerándola, concentrando significados en un gesto, con posturas detenidas en el espacio. Leiro no está tan comprometido en representar los hechos como en recrear un impacto emocional».
Igualmente, el Museo Reina Sofía expone:
«La obra de Leiro apareció en un clima dominado por las ideas de la Transvanguardia italiana y el Neoexpresionismo alemán, aunque existe un conjunto de relaciones mucho más complejo que incluiría el Surrealismo, el Manierismo gallego, la escultura románica, la tradición policromática; así como el impacto del arte popular y de escultores europeos contemporáneos. Su obra temprana mezcla elementos surrealistas a la vez que da muestras de una especie de Arte Pop ligero».
Sobre su última producción podemos leer en El Patio Herreriano:
«En el último tercio de la década regresa a la madera, la talla directa y la figura humana, reduciendo la presencia de materiales sintéticos, en reivindicación de los valores artesanales de la disciplina. Recrudece el tono paródico de sus obras, estableciendo una distancia sarcástica con el mito a que se han visto reducidos temas como la mujer, el sexo, los dioses y, especialmente, el artista y la escultura. El volumen, el equilibrio, la masa y el espacio siguen siendo los fines últimos de su obra, que juega en los últimos años con continuos cambios de escala (encargos públicos, series de pequeño tamaño como sus duendes fluviales o Ninguén), y en la que el dibujo cobra un especial valor experimental como escenario para el ensayo de futuras soluciones formales».































































































































































































