Alfredo Castañeda (Ciudad de México, México, 1938-2010) fue una de las grandes figuras artísticas del iberoamérica. Entre su México natal y la España de su familia paterna, su personal obra se mueve entre el surrealismo y el arte fantástico, pero manteniendo siempre una gran sobriedad. Luis Francisco López, en un interesante estudio sobre Castañeda, nos indica:
«…uno de los centros capitales que, en nuestra opinión, mejor definen la pintura de Alfredo Castañeda: la representación (formalmente limpia, iconográficamente entendible, conceptualmente intelectual) de un «malestar de la cultura» donde la misma manifestación figurativa de «lo humano», tan obvia y presente en toda su obra, queda desprovista tanto del patetismo de vocación costumbrista como de una recurrente apelación al expresionismo más fácil y vulgar. Lo que al pintor mexicano, bien afincado entre nosotros desde hace muchos años, le interesa sobremanera es cómo reflejar la humana condición —su grandeza, su tristeza, su vitalidad, su miedo, su horror y su inteligencia— sin rebajarse a mostrar su deseo creando una previsible (por fácil) estética del despojo».
Kuzmicz, por otra parte comenta:
«La obra de Castañeda es bella e inteligente. En sus lienzos, a modo de iconos, las figuras se vuelven signos pictóricos, imágenes desconcertantes que instauran un universo enigmático que atrapa la mirada. Es ahí donde reside su seducción. Castañeda exhorta al espectador a ejercer una mirada curiosa, perspicaz y voraz. Y si la pintura de Castañeda es un acto de encerrar el cosmos en un cuadro, al espectador le toca irrumpir en el lienzo y adentrarse en esta singular cosmogonía»
Su autorretrato se encuentra presente en una gran cantidad de obras. El desnudo es escaso y muestra, ocasionalmente una ciertas dosis de humor e ironía.














































































































































