El desnudo en el arte: La “Venus del espejo” de Velázquez

La “Venus del espejo” o “Venus de Rokeby” es una obra sorprendente y cautivadora. Constituye el único desnudo que nos ha llegado de Velázquez, aunque está documentada la existencia de otros tres  desnudos de los que se ignora su paradero.

El tema parece sencillo: una mujer (¿Venus?) desnuda, reclinada de espaldas se mira ante un espejo sujetado por un angelote (¿Cupido?). No se sabe ni cuándo ni dónde se pintó esta obra, ni tampoco podemos estar muy seguros de su significado. Velázquez no siempre tiene una lectura sencilla y prueba de ello es que un cuadro que siempre consideramos como costumbrista y denominamos “Las hilanderas” se ha revelado con un significado mitológico y hoy se designa como “La fábula de Aracne”. Hay quien considera que pretendió pintar una mujer real, no una diosa, quizás a una amante del rey. Estas consideraciones se basan en que el supuesto Cupido se añadió en una etapa posterior y en la falta de definición de la cara reflejada en el espejo. Si tenemos en cuenta que la Inquisición atacaba a todo lo que podía considerar como libidinoso, y que las mujeres decentes no podían posar desnudas, el aparente tema mitológico pudiera ser una simple excusa.

La Venus del espejo (Velázquez)

La Venus del espejo (Velázquez)

La obra tiene un claro precedente en las Venus de Giorgione y Tiziano que ya he comentado pero, contrariamente a éstas, se dibuja de espaldas. Se indica como una posible

Hermafrodita de Borghese

Hermafrodita de Borghese

influencia el “Hermafrodita de Borghese”, una escultura romana del siglo II, copia de una obra griega de Policleto, a la que Velázquez tenía en alto aprecio.

La presencia del espejo fue un recurso bastante usual en el Barroco pues permitía introducir un tema de profundidad en obras que de otro modo se verían como bastante planas. Lo veíamos ya en la célebre obra de Van Eyck “Los esposos Arnolfini” y lo encontramos en la obra de Rubens “Venus ante el espejo”. El

Venus del espejo (Rubens)

Venus del espejo (Rubens)

propio Velázquez hizo también uso del mismo para reflejar la imagen de los reyes en “Las Meninas”. Lo que resulta más sorprendente es que tal y como se encuentra colocado el espejo, la imagen reflejada no es nada realista. No lo era en el caso de Rubens, pero en  Velázquez es mucho más exagerado pues el espejo debería mostrar el busto de la dama y no su cara.

La obra tiene una estructura en diagonal, que ya hemos visto que usaba mucho Rubens. La luz no surge del vértice inferior izquierdo, sino de todo el lateral izquierdo. Es una luz tamizada, que no origina fuertes contrastes claro-oscuro, que envuelve y da calidez a las formas. El trazo, amplio, genera límites imprecisos en el cuerpo de la Venus, aumentando su carácter sugerente. El cortinaje rojo y la colcha gris que sirve para destacar las carnaciones claras del cuerpo de la joven aumentan la sensualidad de la escena.

Una última nota sobre el significado de la obra. En el catálogo de la exposición “Velázquez” que realizó el Museo del Prado en 1990, los autores parecen decantarse por un significado mitológico-simbólico de la obra. Se indica que Cupido no se muestra realmente como un personaje que se limita a sujetar el espejo, y las cuerdas que se encuentran encima del mismo nunca servirían para colgar le mismo. La mirada triste de Cupido a la diosa y sus manos superpuestas, que podrían estar ligadas por el cordón, indican su sumisión. Es el Amor esclavo de la Belleza.

La obra mostrada sufrió un ataque vandálico en 1914, al ser acuchillado por una sufragista que justificó su acción por su indignación ante el comportamiento babeante de los hombres ante el cuadro. Por suerte pudo ser restaurada en 1965 sin que se aprecien las incisiones.

Acerca de marmteo

Profesor universitario de Química Orgánica. Muy aficionado al arte, a la fotografía,a la música clásica y a la literatura. Nudista desde hace muchos, muchos años
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