Viktor Korneev (Tambov, Ryssland, Rusia, 1958) se ve etiquetado en esta entrada como escultor por diferenciarlo de su homónimo fotógrafo. Y no me cabe duda de que este creador, con obra pública diseminada desde China a Suecia – lugar donde reside – es uno de los grandes escultores del momento. Sus numerosas obras, en mármol y en madera, no parecen mantener un canon estético definido y, sin embargo, muestran un elemento personal y una gran expresividad que logra captar inmediatamente nuestra atención. Les muestro aquí una pequeña muestra de sus diferentes estilos, que podrán completar con un visionado de su página personal.
Aunque su producción de desnudos es escasa, por razones que mostraré luego, no quiero dejar de citar en este blog al que posiblemente sea el ilustrador más importante de los Estados Unidos: Joseph Christian Leyendecker (Alemania, 1874-1951). Su vida y obra se encuentra, magníficamente tratada por Juan Muro en su blog «El dibujante» dedicándole tres entradas. Leyendecker se hizo famoso por sus ilustraciones a color de personajes arquetípicos como un Santa Claus gordo, barbado y vestido de rojo, o un simbólico niño para designar el Año Nuevo; pero, fundamentalmente, como publicista. Sus modelos vistiendo las camisas de la firma «Arrow Collar» llegaron a generar un esquema estético masculino. Entre estos modelos se destacó el que fue realmente su marido durante más de 50 años: Charles Beach. En un momento en el que la homosexualidad se encontraba fuertemente reprimida y podía costarle a Leyendecker su crédito y carrera artística, intentó destruir cualquier prueba incriminatoria sobre su orientación sexual. Sin duda, debieron desaparecer muchos desnudos en estas limpiezas y lo que queda es poco y bastante academicista (no por ello irrelevante), como la mayoría de las siguientes pinturas y dibujos:
Estudio de hombre con una lira – J.C. Leyendecker
En «La taza de té» observamos a un Leyendecker mucho más personal.
La taza de té – J.C. Leyendecker
También he visto que en la Web se le atribuye la autoría de esta obra, bastante vinculable a un estilo modernista del que no he visto otras referencias en las pinturas de este creador:
En las portadas de las revistas que ilustró se ven pocos desnudos. Aquí tenemos algunos.
y esos nños con los que solía representar el Año Nuevo:
La obra de Edward Ross (Ed Ross)(Ukiah, Californa, USA, 1965-2016) parece retrotraernos a los principios de la fotografía. El erotismo que despliegan sus desnudos femeninos se encuentra muy alejado de cualquier reflejo pornográfico. Sí está muy ligado a nuestra mirada voyeur, de la que la modelo es, en ocasiones, consciente y nos devuelve como un reto. El aspecto antiguo, pasado de moda o, como se dice ahora «vintage», no lo proporciona el peinado o maquillaje de las modelos – muy contemporáneo – sino la técnica fotográfica utilizada: El colodión húmedo. Esta técnica es heredera directa del daguerrotipo (que no permitía sacar copias) y se basa en sensibilizar una placa de cristal (aquí aluminio) – a la que se ha añadido colodión – con nitrato de plata, para proceder luego a la exposición de la misma.
Pese al título de esta entrada, Domenico Maria Canuti (Bolonia, Italia, 1625-1684) no entró en la Historia del Arte por su categoría de dibujante. El artista barroco se destacó fundamentalmente por sus frescos. Algunos de estos podemos admirarlos en el Palazzo Pepoli Campogrande de Bolonia.
La apoteosis de Hércules en el Olimpo – Domenico Maria Canuti
La apoteosis de Hércules en el Olimpo – Domenico Maria Canuti
Se formó inicialmente con Guido Reni y, más tarde, con Guercino. De sus pinturas sobre óleo sólo encuentro en la red este «Sátiros y puttos», cuya atribución a Domenico Maria Canuti no está demasiado clara.
El Museo del Prado guarda en su colección algunos aguadas de este artista, pero opino que lo más interesante del mismo son sus dibujos. Aquí les muestro algunos.
Las dos obras, que les muestro a continuación, tienen para mi un encanto especial, al retratar a unos niños con un realismo y expresividad que parecen obras del siglo XX y no del XVI. Sin embargo, no existe certeza de que sea Canuti su autor. También se han atribuído a Federico Barocci y, ante la duda, suele hablarse de ellas como «anónimos italianos del siglo XVII»
Los cuerpos desnudos que nos presenta Narciso Maisterra (Palencia, España, 1933) parecen ser, mayoritariamente, cuerpos dolientes, retorcidos, aprisionados por plásticos que parecen actuar como espesas telas de araña de las que el sujeto es incapaz de salir. Escenarios que recuerdan una sala de disecciones de la morgue. Directa o indirectamente, todo parece hablar de dolor, incluso en aquellos casos en los que el escenario cambia mostrando un patio o jardin. La expresión del mismo es voluntaria, como indican sus declaraciones al Diario de Valladolid:
«Hay muchos y buenos artistas, contemporáneos o no. Por ejemplo, Francis Bacon no tiene nada de abstracto, es muy concreto. Lo que sale de sus cuadros a chorros es dolor. El dolor que todos los seres humanos llevamos dentro. Y, a veces, hay que pintarlo también.»
Sus modelos son femeninos. Los desnudos masculinos corresponden, en la medida de mis conocimientos, a autorretratos. Por ejemplo los siguientes:
El pintor, que ha desarrollado durante 17 años labores creativas y educativas en Providence (Estados Unidos) ha vuelto a su tierra natal y ha creado en la misma un museo y centro cultural que lleva su nombre.
En YouTube podemos ver un pequeño video con su obra reciente. Algunas muestras adicionales de su creación son las siguientes:
Al hilo de la discusión iniciada en mi artículo anterior, sobre la posible difusión de los dibujos eróticos de Giulio Romano destruídos por orden del papa Clemente VII, surge, a principios del siglo XIX, la figura pintoresca de Jean-Frédéric Waldeck (Praga, Chequia, 1766-1875). En su amplia vida se hizo llamar unas veces conde, otras duque o marqués. Jugó con su lugar de nacimiento y, aunque fue un incansable viajero, dijo haber visitado muchos lugares sin que se haya podido constatar su presencia en los mismos. Su obra más conocida es un conjunto de grabados que ilustran el mundo de los mayas y, las supuestas reproducciones de los «I Modi» de Giulio Romano encontrados, según éste, en un convento mexicano destruído luego por el fuego. El conjunto de estos se muestra en el Museo Británico y selecciono aquí algunos de los mismos. Parece que «actualizó» la obra incluyendo muchos elementos neoclásicos en la arquitectura y decorados de las escenas. Sus personajes no se si representan fielmente a los originales. Si no es así, no me parecen acordes con los modos estéticos de un siglo que se caracterizó por el realismo de las figuras. Son consideraciones personales y, en esa tónica, me parece que artísticamente tienen sólo un carácter anecdótico. Eso sí, si se considera como interés artístico sólo el estético. El arte también sirve como expresión de la sociedad, de sus costumbles y anhelos; del modo de verse a si misma. Quizás nos sirva para apreciar que, las expresiones de la sexualidad no cambian fundamentalmente con el tiempo o la sociedad.
Giulio Romano (Roma, Italia, 1499-1546) fué uno de los discípulos más destacados de Rafael y gran exponente del manierismo. Sus frescos, en su mayoría realizados en el Palazzo Te, residencia veraniega de los Duques de Mantua, son algo recargados y no tienen la serenidad de las obras de su maestro. Los mismos constituyen nuestra principal fuente de desnudos. Pese a ello, quiero destacar una obra de caballete particularmente relevante: La «mujer ante el espejo», también conocida como «mujer en el baño». Se trata de un retrato realizado al óleo sobre tabla, que nos ha llegado en una reproducción sobre lienzo realizada en el siglo XIX, y que hasta entonces había sido asignada a Rafael. El ligero contraposto, tan querido por los manieristas, no parece demasiado forzado; los colores destacados al gusto de Rafael, junto con las veladuras muy cuidades, le dan un aire delicado que se contrapone con la visión frontal de un rostro de labios finos y cerrados con unos ojos que tampoco nos miran directamente y completan esa línea serpenteante del contraposto.
Mujer ante el espejo – Giulio Romano
En el Palazzo Te sus frescos muestran muchas veces composiciones con un toque más o menos erótico «justificado» bajo el paraguas mitológico:
El baño de Venus y Marte – Giulio Romano
Júpiter seduciendo a Olimpia – Giulio Romano
El nacimiento de Baco – Giulio Romano
Fiesta de bodas entre Cupido y Psiqué (detalle) – Giulio Romano
La ofrenda de Apolo (detalle de la Fiesta de bodas entre Cupido y Psiqué) – Giulio Romano
La tentación de Adán y Eva – Giulio Romano
Júpiter forjando la armadura de Aquiles – Giulio Romano
Pertenece a este artista este encantador dibujo infantil, con una espontaneidad muy poco usual en la época y que, nuevamente, vemos atribuído muchas veces a Rafael:
Niño desnudo con los brazos abiertos – Giulio Romano
La faceta más erótica del artista se relaciona con una serie de dibujos, » I Modi» o «Los dieciseis placeres», que fueron grabados por Marcantonio Raimondi. La obra sufrió una fuerte censura papal que acabó con la destrucción de la misma y la cárcel para el grabador. Se considera, como superviviente de la misma el ejemplar denominado Toscanini que les muestro a continuación:
En el siglo XIX, el conde de Waldeck presentó una supuesta edición de los mismos basada en unos hipotéticos grabados olvidados en un monasterio, que mostraré en otro momento.
Hace sólo unas horas que salí de ver una exposición sorprendente: «La verdad desnuda». Se nuestra en el Centro de Arte la Recova de Santa Cruz de Tenerife – mi ciudad – y es obra de un magnífico fotógrafo canario. José Tandem (Las Palmas de Gran Canaria, España, 1968) nos muestra una extraordinaria selección de desnudos fotografiados en blanco y negro. Técnicamente se destaca por el cuidadoso empleo de la luz y sus variados tonos de grises que permiten destacar, sin estridencias, los menores detalles de los cuerpos retratados; porque son los cuerpos desnudos los verdaderos, y únicos, protagonistas de la obra. Cuerpos reales de todas las edades y géneros que nos hablan sobre la identidad sexual, sobre las diferencias morfológicas naturales, por las provocadas por nosotros mismos, o las indeseadas marcas de la enfermedad y la cirugía. En sus obras los rostros están deliberadamente ausentes para que sólo sea el cuerpo el que hable y nos muestre siempre su indiscutible belleza. Tomo de la web del autor las imágenes que corresponden igualmente a las mostradas en la exposición, con objeto de contribuir al conocimiento de un fotógrafo que me parece particularmente relevante.
El artista Kosta Hakman (Bosanska Krupa, Bosnia y Herzegovina, 1899-1961) está considerado como uno de los artistas bosnios más importantes pese a que, debido a los avatares de la política europea, su ciudad de nacimiento formaba parte, en ese momento, del imperio austro-húngaro y, posteriormente, de Yugoslavia. El mismo realizó la mayoría de su labor en Belgrado (Serbia) que, después de la Primera Guerra Mundial, logró aglutinar a un gran número de artistas. Entre 1925 y 1940 la actividad de Hakman se realizó entre Belgrado y París. En Belgrado formó parte de los grupos de vanguardia como el grupo OBLIK. Por otra parte, los impresionistas franceses y, en particular la obra de Cezanne, dejaron una fuerte influencia en la obra de este artista que se aprecia muy particularmente en sus paisajes coloristas.
En un destacado artículo de Ljiljana Stojanović leemos:
«… con una paleta impresionista tenue, colocando un trazo al lado de otro, logró colorear cada pintura con un «tono poético y realista», para pintar reflejos en el agua, seleccionando los apropiados tonos marrones, azules o esmeralda, y dosificando la cantidad necesaria de luz deslumbrante o suave; o para expresar la dimensión del tiempo en un paisaje de olivos centenarios; pero también, motivado por el sentimiento del valor social de la imagen, para pintar una figura con trazos fáciles, más como una necesidad de grabar un momento de la vida cotidiana.»
La pintura de Hakman siempre estuvo muy relacionada con el espíritu intimista de la pintura francesa, como la de Bonnard, que se manifiesta en los desnudos que les muestro a continuación:
Una de las figuras más destacadas de la ilustración francesa del siglo XIX, fue Paul Gustave Doré (Estrasburgo, Francia, 1832-1883). Extraordinario dibujante, tuvo una gran fama como grabador, aunque también pintor y escultor. Como tal no sólo ilustró muchas obras de sus coetáneos sino también los grandes clásicos, como la Biblia, El Quijote, El Paraíso Perdido o la Divina Comedia. Su estilo romántico, y al mismo tiempo visionario, fue alabado inmediatamente por un público internacional y ejerció una gran influencia tanto en el propio movimiento romántico como en el surrealismo posterior. Para ver sus desnudos debemos centrarnos en las numerosas ilustraciones realizadas para el Infierno, de la Divina Comedia de Dante. Les muestro algunos ejemplos:
De esta última obra existe también una versión en óleo que nos muestra la calidad artística de Doré como pintor.
Tomo de sus ilustraciones del Orlando Furioso de Ariosto, las siguientes imágenes:
Para finalizar, una de sus óleos más conocidos: Ariadne.
Profesor universitario del área de Química Orgánica. Aficionado al arte, a la música clásica, la fotografía y la literatura. Nudista desde hace muchos años.
Este blog aúna esas dos pasiones: Desnudo y arte
Visiones sobre el desnudo masculino en el arte contemporáneo – Miguel A. Ramírez
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Desnudo e identidad en la obra de Anita Steckel y Joan Semmel – Miguel A. Ramírez
Disponible libremente en el repositorio de la Universitat Oberta de Catalunya http://hdl.handle.net/10609/109566