El cuerpo desnudo en fotografía: Riebicke, el fotógrafo del naturismo alemán

Nos vamos a ir casi a los primeros tiempos de la fotografía, dominados completamente por los retratos estáticos.  La fotografía instantánea surge hacia 1880 pero sólo hacia 1930 los avances tecnológicos permitieron captar plenamente el movimiento surgiendo de este modo la fotografía del deporte o la danza.

En la Alemania nazi el culto al cuerpo propició la aparición de imágenes de cuerpos atléticos, tanto masculinos como femeninos, que congelaban  en el aire instantes de su exhibiciones. Podemos pensar que el nudismo, que surgió en este país a principios del siglo XX, pudo compartir algunos de los estos presupuestos (ejercicio, vida al aire libre y alimentación sana) pero sabemos que  pronto mostró su alejamiento y rechazo de esta ideología… y viceversa.

«La fascinación que sentía Hitler por el ideal griego no le impidió cerrar los parques nudistas en 1933. El nudismo era una ideología demasiado liberal para acomodarse al ideal nazi de cuerpos reglamentados al servicio del estado. La fotografía había contribuido en gran medida a la liberación del cuerpo, y era un elemento esencial en las numerosas revistas vinculadas al movimiento nudista. Un motivo habitual era la figura alegre saltando, joven y flexible…» (El Cuerpo. Fotografías de la configuración humana. William A. Ewing. Ed. Siruela, 1996)

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Gerhard Riebicke (Alemania, 1878-1957) fue quizás el exponente más notable de esta fotografía asociada al naturismo alemán conocido internacionalmente por su iniciales FKK (acrónimo de Cultura Libre del Cuerpo). Fue el fotógrafo del deporte, danza y naturismo

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más importante de Alemania entre 1925 y 1935. Una gran parte de su obra fue destruida por un incendio durante la Guerra Mundial, pero aún podemos contar con valiosos ejemplos, como les muestro.

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El desnudo en el arte: François Boucher

Para comprender la obra de Boucher hay que posicionarse en la primera mitad del siglo XVIII, un siglo con un estilo muy alejado del de los siglos precedentes.El arte barroco pierde todo su dramatismo y se vuelve mucho más recargado y «decorativo». Da paso al arte rococó. Este estilo dirigido según el gusto personal del monarca francés Luis XIV, y posteriormente Luis XV, dominó las cortes europeas. El lujo y la relajación de las costumbres sexuales se aprecian en el arte de la época que, como se observa en el arte pastoril, se aleja totalmente de la sociedad para crear mundos ficticios del gusto de la corte. La Revolución Francesa y, artísticamente, el Neoclasicismo acabarían con esta tendencia antes de acabar el siglo.

Independientemente de que debo reconocer que no me agrada particularmente este movimiento, considero que François Boucher nos ha dejado desnudos femeninos de una extraordinaria belleza. Por ejemplo, este retrato de Mademoiselle O’Murphy, una amante de catorce años del rey Luis XV en la que apreciamos su extraordinaria sensualidad y su claro y buscado componente erótico. Hoy sería pornografía infantil, pero si nos olvidamos de este hecho (de nada nos vale intentar proyectar nuestras valoraciones morales a hechos ocurridos en una historia lejana) podemos admirar los recursos

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utilizados por el pintor para lograr estos efectos. Tanto la figura como lo que podemos considerar ropa de cama, se encuentran bañadas por una luz difusa. La pintura se aplica en pinceladas pequeñas y cuidadas dando a la piel de la muchacha un tono rosáceo y  de porcelana. Los otros elementos bañados por la luz tiene delicados tonos pastel que contrastan con los ocres y marrones del diván y cortinajes. El ligero desequilibrio de su cuerpo que parece que puede caer hacia nosotros en cualquier momento y la estructura del mismo en forma de cruz que enfatiza la imagen de las nalgas realza el componente erótico. Por el contrario, la joven no nos mira. Su mirada se dirige fuera de la escena. No hay una provocación directa. También la posición de las manos nos hace recordar esas Venus mitológicas. Esta figura fusiona, en cierto modo, el aspecto divino y humano del amor. Veremos, en una próxima entrada, la gran diferencia que supone la Maja Desnuda de Goya.

A colación de esta obra me permito reproducir un fragmento del artículo «Ya no es una diosa» de Fred Licht:

» Nos acercamos más a lo que la desnudez significa en términos modernos con la observación de Diderot de que entre una mujer desnuda y una mujer desvestida hay un mundo de diferencia. Estar desvestido no implica un estado natural, sino una transgresión deliberada de lo establecido dentro de un sistema en el que la norma es estar vestido. Estar desnudo implica una dimensión heroica e inocente… Esta aceptación de una desnudez emblemática de una dimensión heroica o divina… se mantiene durante siglos, incluso en una pintura tan licenciosa como la célebre Mademoiselle O’Murphy de Boucher» (El desnudo en el Museo del Prado, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 1998)

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El cuerpo desnudo en fotografía: Autorretratos de John Copland

Voy a intentar crear una nueva serie de pequeños artículos en los que se muestre la obra de los grandes creadores de la Fotografía y su relación con el cuerpo desnudo. No seguiré  un orden cronológico e iré mostrándola a medida que vaya recopilando en Internet el material gráfico necesario. Quien desee una Historia de la fotografía de desnudo le recomiendo la serie de artículos publicados por Info Nudismo, que considero muy interesantes.

John Copland  (1920-2003) fue un artista inglés. Pintor, profesor de arte, editor de la prestigiosa revista de arte internacional ArtForum y, desde 1980, un relevante fotógrafo del que podemos destacar las obras en las que el cuerpo humano, su propio

Autorretrato (I) - Copland

Autorretrato (I) – Copland

cuerpo, adquiere un carácter protagonista. Una técnica muy sofisticada para mostrar el cuerpo, usualmente fragmentado, con un extraordinario realismo  y, al mismo tiempo,

Autorretrato (II)-Copland

Autorretrato (II)-Copland

Self Portrait: Back with Arms Above - Copland

Self Portrait: Back with Arms Above – Copland

creando o sugiriendo formas ajenas al mismo, en ocasiones misteriosas. Copland decía que no tenía ningún interés documental en su cuerpo que era como el de cualquier otro hombre de setenta años.

John Coplans, Self-Portrait- Feet Frontal

John Coplans, Self-Portrait- Feet Frontal

Autorretrato - manos - Coplan

Autorretrato – manos – Copladn

Alguno de sus desnudos podrían representar muy bien el Naturismo. El cuerpo onmipresente integrado en la Naturaleza, aunque en ocasiones arrancado de la misma por las tijeras del fotógrafo. Un cuerpo no idealizado, no erótico, no autocomplaciente, presente sólo.

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Danza desnuda

Compartido en Youtube, aunque no se muestran referencias ni a los bailarines ni  a la coreografía.

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El desnudo en el arte: Los grabados de Rembrandt

Cuando observamos las distintas representaciones del cuerpo humano a lo largo del Renacimiento y del Barroco apreciamos un intento de generar una imagen «bella» del mismo incidiendo en la proporción y en la armonía de las formas. Los cánones estéticos dependen de la época y, consiguientemente, no tienen por qué coincidir con los nuestros. En ocasiones las imágenes se deforman pero de un modo intencionado con objeto de reforzar su expresividad. Lo hemos visto en el Greco. Por todo ello me ha sorprendido la obra de desnudos de Rembrant. Veamos estos tres  grabados, el primero el clásico  Adan y Eva y los otros dos representan  a dos mujeres, desconocidas, sentadas en un montículo.

Adan y Eva - Rembrandt

Adan y Eva – Rembrandt

Es evidente la desproporción de los elementos de los cuerpos que, en estos casos, no parece corresponder con un deseo expreso del autor para enfatizar algún aspecto de la obra. Rembrandt fue un extraordinario retratista pero no llegó nunca a dominar la representación del cuerpo humano. Sin embargo es un genio de la pintura y en todas sus obras se aprecia un gran dominio de la técnica, un profundo conocimiento de la iluminación y, muy especialmente,  sus obras tienen una expresividad verdaderamente extraordinaria. No representan dioses, son personas de carne y hueso con las que, pensamos,  podríamos encontrarnos  en cualquier momento de lograr viajar al siglo XVII. Pocos pintores lograr hacernos tan creíbles sus personajes

Mujer desnuda - Rembrand

Mujer desnuda – Rembrand

Mujer desnuda sentada en un montículo - Rembrandt

Mujer desnuda sentada en un montículo – Rembrandt

Gozan de bastante fama las obras «Júpiter y Antiope» y , especialmente, la incorrectamente conocida como «Negra dormida» (no es una mujer negra) por su posible

Júpiter y Antiope - Rembrandt

Júpiter y Antiope – Rembrandt

relación con la «Venus del espejo» de Velázquez. Ambas obras destacadas de Rembrandt pero que, pese a poseer un mayor realismo en el tratamiento de los cuerpos femeninos, no tiene en mi opinión el encanto de esas miradas expresivas, vitales, que se dirigen hacia nosotros con una cierta complicidad y coquetería.

Negra dormida - Rembrandt

Negra dormida – Rembrandt

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El desnudo en el arte: Los imagineros españoles del siglo XVII

El siglo XVII en España no fue muy propicio para la representación del desnudo. La Contrarreforma en general y la Inquisición en particular, impusieron una rígida censura a  todo lo que consideraban licencioso. La excusa mitológica empezaba a estar mal vista y las obras de carácter religioso tampoco proveían materia adecuada para la representación del cuerpo desnudo. No todos los artistas podían gozar de la libertad de Velázquez, pintor real. Sorprende, por tanto, encontrar desnudos dentro de la obra de alguno de los imagineros más destacados del momento.

El artista más destacado de la escuela castellana de escultura fue, sin duda, Gregorio Fernández, cuyos Cristos yacentes, crucificados y piedades, son hoy el orgullo de Valladolid y su Semana Santa. Voy a mostrar dos obras de este autor.

San Gabriel - Gregorio Fernández

San Gabriel – Gregorio Fernández

La primera es una talla de 1,10 metros, una obra temprana en madera hueca policromada que representa al arcángel San Gabriel como un joven completamente desnudo. El cuerpo, extraordinariamente bien tratado muestra sin embargo una cierta idealización (alargamiento de las extremidades y el cuello). La policromía rosácea destaca la juventud del joven. Una postura aerodinámica y la posición de las manos (me recuerdan a las de un bailarín de danza clásica) le suministran elegancia y un cierto toque etéreo e ingenuo al mismo tiempo. La obra se la ha relacionado con el “Mercurio alado” de Juan de Bolonia, un florentino del siglo XVI y, ciertamente, el parecido de las posturas es muy grande.

Mercurio alado - Juan de Bolonia

Mercurio alado – Juan de Bolonia

El tratamiento del pelo y los ojos vítreos postizos serán los mismos que los que veremos en la obra posterior de este escultor, aunque en ésta el realismo y dramatismo de las figuras se vuelve dominante.

La segunda obra que les muestro de este autor es el “Ecce Homo”. Considerada por algunos como la pieza más destacada de Gregorio Fernández, muestra una talla en madera maciza de Cristo de tamaño natural. La imagen clasicista sorprende por la posición de los brazos y las manos que nos recuerdan a las de las Venus, clásicas o renacentistas. El cuerpo proporcionado y en contraposto tiene un color relativamente claro que destaca en la espalda los tonos rojizos y ocres de los golpes y la sangre. Muy característico de toda la obra de este maestro es la representación de un Cristo con cabello, bigote y barba muy abundante y rizada. Esta

Ecce Homo - Gregorio Fernández

Ecce Homo – Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo I - Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo I – Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo II - Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo II – Gregorio Fernández

última partida. Los ojos son postizos, como en la obra anterior. El paño de pureza con muchos y rígidos pliegues (una de las características del autor), no se encuentra labrado sino es un lienzo encolado superpuesto. El Cristo está desnudo.

Si Gregorio Fernández fue el centro de la imaginería de la escuela castellana, Alonso Cano es uno de los exponentes máximos de la otra escuela que existió en ese momento: la escuela andaluza. De su extensa producción escultórica, en la que destacan las imágenes de la Virgen en actitudes amables y muy alejadas del dramatismo de Gregorio Fernández, sólo conozco un desnudo, “El niño Jesús triunfante”. No se trata de una talla en madera sino una fundición en “peltre”, una aleación en la que domina el plomo, sobre la que se establece la policromía, muy cuidada en este caso. La imagen es tremendamente realista (no abundan los ejemplos de niños con apariencia de niños en la historia del arte hasta esa fecha), con barriga y ombligo destacados, un gracioso corte de pelo que se aleja de los característicos bucles y una mirada triste y melancólica.

Niño Jesús Triunfante - Alonso Can

Niño Jesús Triunfante – Alonso Can

Niño Jesús Triunfante (detalle) - Alonso Cano

Niño Jesús Triunfante (detalle) – Alonso Cano

Alonso Cano no sólo fue un escultor sino también un pintor prominente. Merece destacarse esta obra, “Descenso de Cristo al Limbo”, en la que aparece un desnudo de Eva cuidado y sugestivo tratado al modo de los artistas clásicos del renacimiento italiano (Tiziano, Tintoretto o Veronés). La obra estructurada en

Descenso al Limbo-Alonso Cano

Descenso al Limbo-Alonso Cano

diagonal dirige nuestra atención hacia los condenados (mirada de Cristo y de las dos figuras adultas) y de estos hacia la promesa de salvación (brazos de Cristo y bandera),

Descenso al Limbo (dibujo preparatorio) - A. Cano

Descenso al Limbo (dibujo preparatorio) – A. Cano

adquiriendo un cierto dinamismo. Hay mucho espacio sobre las figuras lo que destaca el carácter trascendente de éstas. La luz desde el vértice inferior izquierdo modela y aclara el cuerpo de Cristo y el de Eva. Es posible que la parte inferior izquierda, muy esbozada, indique que la obra está incompleta. No es seguro. Lo que si es cierto es el interés del autor por la misma puesta de manifiesto en la existencia de un dibujo preparatorio.

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El desnudo en el arte: Un comentario crítico de «El Espectador»

Les muestro un comentario que me parece interesante sobre el desnudo en el arte publicado por el diario «El Espectador» el pasado mes de agosto y que reenvía a Facebook el grupo «Naturismo de Tenerife, Naturismo en Tenerife».

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Dimitris Papaioannou, un gran creador griego de nuestro tiempo

Dimitris Papaioannou, nació en Atenas en 1964. Pintor, artista visual, ilustrador, creador de comics, diseñador, escenógrafo, …Uno de los creadores culturales griegos más destacados del momento. Saltó a la escena internacional con su aclamada dirección creativa de la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004.

Su obra es muy amplia y el desnudo tiene un gran protagonismo en una buena parte de ella. En ocasiones controvertido, como en su producción de comics donde adquiere un carácter sexualmente explícito de tipo gay.

No resulta fácil ver sus video-creaciones de un modo completo pues suelen tener una duración muy grande. Algunas de sus performances transcurren durante horas. Aun así podemos ver fragmentos significativos de las mismas en Internet. En su página web personal nos encontramos con enlaces a los mismos en Vimeo y Youtube. Selecciono aquí dos fragmentos.

El primero corresponde a la parte central de la obra “Nowhere”. Nowhere (Ningún Lugar) explora la naturaleza del espacio teatral, modificado siempre por los espacios y por los propios cuerpos de los actores que interaccionan en el mismo para denotar cualquier lugar y sin embargo definido para un no-lugar. La parte central de la obra, mostrado aquí, es un homenaje a Pina Bausch, una bailarina, coreógrafa y directora alemana pionera en la danza contemporánea.

El segundo es un recopilatorio de extractos de «Primal Matter», una performance en la que participa el propio Papaioannou y que pretende mostrar la desgarrada identidad griega de hoy en día:

el cuerpo desnudo y vestido, silencioso y desmembrado, el cuerpo como un campo de batalla en un diálogo entre la historia y el presente, en equilibrio entre identidad y alteridad (Programa de «Athens and Epidaurus Festival 2015»)

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El desnudo en el arte: La «Venus del espejo» de Velázquez

La «Venus del espejo» o «Venus de Rokeby» es una obra sorprendente y cautivadora. Constituye el único desnudo que nos ha llegado de Velázquez, aunque está documentada la existencia de otros tres  desnudos de los que se ignora su paradero.

El tema parece sencillo: una mujer (¿Venus?) desnuda, reclinada de espaldas se mira ante un espejo sujetado por un angelote (¿Cupido?). No se sabe ni cuándo ni dónde se pintó esta obra, ni tampoco podemos estar muy seguros de su significado. Velázquez no siempre tiene una lectura sencilla y prueba de ello es que un cuadro que siempre consideramos como costumbrista y denominamos «Las hilanderas» se ha revelado con un significado mitológico y hoy se designa como «La fábula de Aracne». Hay quien considera que pretendió pintar una mujer real, no una diosa, quizás a una amante del rey. Estas consideraciones se basan en que el supuesto Cupido se añadió en una etapa posterior y en la falta de definición de la cara reflejada en el espejo. Si tenemos en cuenta que la Inquisición atacaba a todo lo que podía considerar como libidinoso, y que las mujeres decentes no podían posar desnudas, el aparente tema mitológico pudiera ser una simple excusa.

La Venus del espejo (Velázquez)

La Venus del espejo (Velázquez)

La obra tiene un claro precedente en las Venus de Giorgione y Tiziano que ya he comentado pero, contrariamente a éstas, se dibuja de espaldas. Se indica como una posible

Hermafrodita de Borghese

Hermafrodita de Borghese

influencia el «Hermafrodita de Borghese», una escultura romana del siglo II, copia de una obra griega de Policleto, a la que Velázquez tenía en alto aprecio.

La presencia del espejo fue un recurso bastante usual en el Barroco pues permitía introducir un tema de profundidad en obras que de otro modo se verían como bastante planas. Lo veíamos ya en la célebre obra de Van Eyck «Los esposos Arnolfini» y lo encontramos en la obra de Rubens «Venus ante el espejo». El

Venus del espejo (Rubens)

Venus del espejo (Rubens)

propio Velázquez hizo también uso del mismo para reflejar la imagen de los reyes en «Las Meninas». Lo que resulta más sorprendente es que tal y como se encuentra colocado el espejo, la imagen reflejada no es nada realista. No lo era en el caso de Rubens, pero en  Velázquez es mucho más exagerado pues el espejo debería mostrar el busto de la dama y no su cara.

La obra tiene una estructura en diagonal, que ya hemos visto que usaba mucho Rubens. La luz no surge del vértice inferior izquierdo, sino de todo el lateral izquierdo. Es una luz tamizada, que no origina fuertes contrastes claro-oscuro, que envuelve y da calidez a las formas. El trazo, amplio, genera límites imprecisos en el cuerpo de la Venus, aumentando su carácter sugerente. El cortinaje rojo y la colcha gris que sirve para destacar las carnaciones claras del cuerpo de la joven aumentan la sensualidad de la escena.

Una última nota sobre el significado de la obra. En el catálogo de la exposición «Velázquez» que realizó el Museo del Prado en 1990, los autores parecen decantarse por un significado mitológico-simbólico de la obra. Se indica que Cupido no se muestra realmente como un personaje que se limita a sujetar el espejo, y las cuerdas que se encuentran encima del mismo nunca servirían para colgar le mismo. La mirada triste de Cupido a la diosa y sus manos superpuestas, que podrían estar ligadas por el cordón, indican su sumisión. Es el Amor esclavo de la Belleza.

La obra mostrada sufrió un ataque vandálico en 1914, al ser acuchillado por una sufragista que justificó su acción por su indignación ante el comportamiento babeante de los hombres ante el cuadro. Por suerte pudo ser restaurada en 1965 sin que se aprecien las incisiones.

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Consideraciones sobre «el desnudo en el arte»

Creo que debo comentar mi papel en esta pequeña serie de artículos dedicados al desnudo en el arte. Mi formación curricular es totalmente científica por tanto  – y quede claro – no soy un especialista en Arte, pero desde la ya muy lejana época en la que cursaba una asignatura de Historia del Arte en el antiguo Bachillerato, que se limitaba a la memorización de los títulos de una serie de obras y autores (ni siquiera se proyectaban las mismas y los libros de texto reproducían muy pocas) me pareció que el Arte podía ser algo interesante. Con el tiempo he visto, leído y, especialmente, creo que me he ido acercando al arte de verlo y admirarlo, aunque se que me queda mucho camino por recorrer.

De entrada al neófito suele presentarse los siguientes interrogantes: ¿Qué es o qué pretende ser el Arte? ¿Qué es bueno y qué es malo en el mismo? ¿Tiene que ser “bonito” el Arte? ¿Son los precios que asigna el mercado un indicador del valor de la obra artística?

Debo decir que para mí el Arte puede recrear la naturaleza pero igualmente generar nuevos mundos inexplorados. Ninguna obra puede ser totalmente realista porque la realidad es irrepresentable. Incluso la técnica considerada más realista, como es la fotográfica, modifica la realidad: la propia elección de un encuadre dirige la mirada y realza la presencia o ausencia de los objetos. Crea su propia realidad y en este sentido digo que todo el arte puede recrear la naturaleza, nunca copiarla.

No importa cuál sea la realidad objetiva expresada en la obra artística. Ésta siempre debe hacernos reflexionar. Una obra artística no se agota en una simple mirada, y eso es  válido tanto para las obras que consideramos realistas como para las menos figurativas y más abstractas. Ante una obra deberíamos reflexionar sobre lo que nos dice, lo que el autor quiere transmitir y la adecuación de los elementos técnicos y compositivos a la transmisión de esa idea. Huyamos, por favor del término “bonito”. El Arte no tiene por qué transmitir belleza, salvo que ésta se interprete de un modo muy muy amplio.

El mercado no es un indicador de la calidad artística. Algunos  de los que reconocemos como maestros, fueron ignorados en su día, mientras que otros que vendieron muy bien su obra hoy se consideran autores muy secundarios. Algunos también muestran vaivenes en su apreciación histórica. Posiblemente un buen número de las obras contemporáneas almacenadas en los museos actuales pierdan todo su interés en el futuro y se valoren a otros artistas, coetáneos nuestros, que ahora pasan desapercibidos.

El segundo aspecto de esta serie que debemos considerar es el desnudo. Como naturista, mi relación hacia el desnudo es el de naturalidad y respeto. El cuerpo humano siempre es atractivo en su dignidad, y los variables cánones estéticos no deberían hacernos olvidar este aspecto. Todo el cuerpo es digno, sin partes sucias o pudendas que deban ocultarse a la mirada.

De un intento de fusionar estas dos pasiones, arte y desnudo, surge esta serie de publicaciones. Mis consideraciones no son ni pueden ser muy eruditas, ni pretenden ni mucho menos abarcar todas las lecturas posibles de una obra artística. Ello me que sería imposible. Pero me gustaría mucho lograr que algunas personas se interesasen como yo por el Arte y no viesen la pintura como una simple estampita que, directamente o reproducida, sirva para decorar un rincón de nuestra casa.

También quiero mostrar la existencia de nuevas formas de expresión artística que surgen de las innovaciones tecnológicas. El arte siempre es fruto de una época y debemos ser capaces de contextualizarlo.

En resumen, el arte debe hacernos reflexionar sobre el Arte, y sobre nosotros creadores y consumidores del mismo.

Gracias a todos los que me siguen en este intento.

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