El cuerpo desnudo en la fotografía: Misha Gordin y su fotografía conceptual

Misha Gordin es un extraordinario fotógrafo que nació en Rusia en 1946, aunque desde 1974 desarrolla su labor en los Estados Unidos. Su obra, íntegramente en blanco y negro, se inscribe dentro de la denominada fotografía conceptual.

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Prisionero - Misha Gordin

Prisionero – Misha Gordin

“El conceptualismo fotográfico en su definición más simple, es la representación de una idea a través de la imagen fija y esta función confiere a esta práctica, un carácter narrativo ineludible que la distingue opuestamente de la simplicidad sensitiva de lo abstracto.

Para realizar una fotografía conceptual, es requisito indispensable planear con antelación una idea, aunque no es excluyente la posibilidad de descubrir en los elementos que se encuentran ante nuestra lente, una significación probable que captada en el ángulo correcto o mediante la manipulación necesaria, nos lleve a la concreción del concepto. (Fotografía conceptual -Ricardo Ávila Ponce)”.

Parejas - Misha Gordin

Parejas – Misha Gordin

El propio fotógrafo comenta:

Aullidos de la calle - Misha Gordi

Aullidos de la calle – Misha Gordi

Fallen - Misha Gordin

Caídos – Misha Gordin

“¿Apunto con mi cámara hacia arriba, hacia el mundo existente, o la dirijo hacia mi alma? ¿Fotografío la realidad existente o creo mi propio mundo, igualmente real, aunque no existente? El resultado  de estos dos enfoques es diferente  y, en mi opinión, conceptual.”

Sheptun - Misha Gordin

Sheptun – Misha Gordin

E igualmente:

Multitud - Misha Gordin

Multitud – Misha Gordin

“Un débil concepto, perfectamente ejecutado, crea todavía una mala fotografía. Sin embargo el ingrediente más importante para tener una imagen poderosa es el concepto. La mezcla del talento para crear el concepto y la habilidad para ejecutarlo son los dos bloques fundamentales para crear una fotografía conceptual convincente”

Pareja -Misha Gordin

Pareja -Misha Gordin

Pareja 2 - Misha Gordin

Pareja 2 – Misha Gordin

La obra de Gordin tiene un fuerte carácter metafísico y nos puede hacer recordar algunos cuadros de De Chirico.

Misha Gordin

Misha Gordin

Los paisajes, cuando existen son elementales, surrealistas al estilo de los pintados por Dalí, llanos y con horizontes lejanos e iluminados. La iluminación de las figuras no procede del cielo, siempre negro. De algún modo los personajes se encuentran abandonados a sí mismos. Sus cuerpos no están necesariamente desnudos, pero cuando se cubren, los tejidos informales parecen formar parte de la piel sin pretensión de ocultarla. Las caras casi siempre están ausentes no como despersonalización sino para impedir de algún modo una salida al exterior reforzando la introspección. Introspección formulada de un modo individual o colectivo.

Misha Gordin

Misha Gordin

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El desnudo en el arte: El desnudo masculino en Ingres y su escuela

Después de haber comentado los desnudos femeninos en la obra de Jean-Auguste Dominique Ingres, me parece de obligado cumplimiento hacer un repaso por sus desnudos masculinos a los que también se dedicó. Lo de «obligado» guarda relación con el hecho de que me parecen mucho menos importantes que los femeninos. Ingres creó un lenguaje propio en la representación del cuerpo de la mujer pero, tratándose del hombre los resultados fueron en mi opinión, demasiado academicistas, demasiado subordinados al dibujo. De hecho, gran parte de esta obra se realizó en Roma cuando Ingres era un pensionado de la academia de Francia.

En el desnudo en Malasaña se aprecia muy bien esa curiosa desproporción del cuerpo que afecta a la altura de la cintura y que ya había comentado en sus desnudos femeninos. Por lo demás, dibujo muy marcado, volúmenes escultóricos, iluminación, acordes completamente con la norma neoclásica. Sin embargo debemos reconocer en ellos una gran personalidad en el tratamiento del rostro,especialmente en el primer caso, muy poco idealizado.

Desnudo en Malasaña (Le madrilegne moderne nude) Jean Auguste Dominique Ingres

Desnudo en Malasaña (Le madrilegne moderne nude) Jean Auguste Dominique Ingres

 

 

 

Estudio de varón desnudo - Ingres

Estudio de varón desnudo – Ingres

En esta otra se muestra claramente la «pose» de los modelos del estudio (Veremos imágenes similares en las fotografía del siglo XIX).

 

Desnudo masculino - Ingres

Desnudo masculino – Ingres

Posiblemente la obra más conocida entre los desnudos masculinos del autor es «Edipo y la Esfinge», de la que se conocen tres versiones muy parecidas. Les muestro la versión del Louvre, datada en 1808 en plena etapa romana del pintor. La historia es muy conocida. Edipo logra vencer a la Esfinge que retaba a los paseantes con tres «enigmas» y devoraba a todos aquellos que no supiesen las respuestas correctas. En la parte inferior izquierda del cuadro observamos el pié de un cadáver que surge de la gruta. El toque moralizante, el recurso a la antigüedad clásica y sus mitos, la imagen idealizada de Edipo, junto con los efectos ya comentados de dibujo, volumen e iluminación, todo acorde con las normas de la Academia que regían el movimiento neoclásico. De hecho se trató de un ejercicio de ésta que, posteriormente el autor amplió, añadiendo la figura del hombre espantado del fondo.

Edipo y la Esfinge - Ingres

Edipo y la Esfinge – Ingres

Con todo, y pese a su frialdad, la obra «funciona». La composición fuertemente centrada en el personaje masculino que centra también la iluminación destacándolo como único elemento importante de la escena, frente a una Esfinge que se entreve en la oscuridad y que prácticamente sólo muestra a la luz el seno femenino. El cuerpo de Edipo se destaca fuertemente sobre un fondo casi negro y la frialdad del color es compensada por la túnica roja que lleva al hombro.

Los principales discípulos de Ingres fueron  Guerin y, especialmente, Hippolite Flandrin. Del primero sólo les muestro su obra «Morfeo» que  considero que podría considerarse como el ejemplo más exagerado de arte neoclásico. Sólo la iluminación da un cierto encanto al edulcorado motivo.

Morfeo - Iris Guerin

Morfeo –  Guerin

La obra de Flandrin me parece mucho más interesante. Muestra la fuerte influencia de su maestro y de la Academia, pero consigue algunas obras con verdadera personalidad. Por ejemplo en su obra

Pastor joven sentado - Flandri

Pastor joven sentado – Flandrin

«Pastor joven sentado» o en «Priamo observa el movimiento de los griegos». Esta obra comparte algunos elementos con su pintura más conocida «Desnudo masculino sentado frente al mar».

Príamo observando el movimiento de los griegos - Flandrin

Príamo observando el movimiento de los griegos – Flandrin

Esta última obra muestra a un adolescente desnudo retraído en si mismo y aislado del mundo exterior. La figura masculina como único elemento, centrada y con una estructura circular parece alejarla de cualquier espacio que no sea el interior. El mar en calma no parece perturbar y sólo se aprecia una cierta tensión en la posición del pié apoyado sólo parcialmente en la roca.

Desnudo masculino sentado al borde del mar - Flandrin

Desnudo masculino sentado al borde del mar – Flandrin

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Tragedia: Una polémica coreografía de Olivier Dubois

Oliver Dubois (nacido en 1972) es actualmente el director del “Centre chorégraphique national Rubaix” (Nor-Pas –de-Calais, Francia) y en el año 2011 fue incluído en la revista Dance Europe como uno de los mejores bailarines del mundo. Sin duda uno de los coreográfos franceses más relevantes y polémicos del momento, y su obra “Tragedia”, de la que les muestro algunos fragmentos, figura en el centro de esta  la polémica.

Después de varios años de periplo internacional la “Tragedia” se acaba de representar por primera vez en España. En la información promocional del mismo leemos:

Con sus 18 bailarines desnudos, Tragédie es una fenomenal descarga telúrica. Un potente subidón casi orgásmico, a medio camino entre la danza tribal y el trance. Un espectáculo vertiginoso, hipnótico y galvanizante.
A lo largo de la pieza, Dubois experimenta con una humanidad cegadora, deslumbradora, ensordecedora… Deja de distinguir los cuerpos para que surjan de esas masas en movimiento impulsos arcaicos.

Con Tragédie, Olivier Dubois nos sumerge en una “sensación del mundo”, más que en una obra coreográfica.

Tomo prestado del blog “Escenarios de Cultura»,  un par de citas de Dubois que inciden en el significado de la obra:

“Inevitablemente ver sobre el escenario estos cuerpos desnudos nos hace reflexionar sobre nuestra propia intimidad” – Olivier Dubois

“La desnudez es esencial en este proyecto pero solo es su tarjeta de presentación. Aquí no se incluye la acción de vestirse y desvestirse, la desprotección de los bailarines es constante, los cuerpos ni se exhiben ni se ocultan. La obra para mi habla del enigma del hombre y de la humanidad y tiene una potente carga política ” – Olivier Dubois

En la propia página web del coreógrafo se destaca la vinculación de esta obra al Nacimiento de la Tragedia de Nietzsche:

«Mediante el canto y la danza el hombre manifiesta su pertenencia a una comunidad superior: ha olvidado caminar y hablar y, al bailar, está a punto de volar en el aire. Sus gestos muestran su hechizo» – El nacimiento de la tragedia. Nietzsche.

E igualmente podemos ver en la misma un amplio resumen de prensa con críticas a la obra.

Entre la críticas adversas tenemos el uso del desnudo (siempre reprobable para algunos), monotonía de la obra que dura 90 minutos, bombardeo electrónico musical y estroboscópico, ausencia de “clasicismo” en los pasos de danza,… La polémica está servida.

 

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El desnudo en el arte: El desnudo femenino en Ingres

Posiblemente el discípulo más destacado de Jacques-Louis David fué Dominique Ingres (1780-1867). Se le suele incluir en el movimiento neoclásico por el dibujo muy marcado de sus figuras y por sus texturas «limpias». Sin embargo es un pintor difícilmente clasificable. Cuando observamos sus retratos femeninos apreciamos la influencia del Renacimiento italiano, especialmente de Rafael, pero también, en muchas de sus obras, un claro gusto por el exotismo. El orientalismo se introdujo en Francia como consecuencia de las campañas napoleónicas en Egipto y mantuvo una razonable influencia sobre su pintura durante el siglo XIX. Sus figuras femeninas muestran poco las rígidas líneas rectas que caracterizan el Neoclasicismo y mucho de las voluptuosas curvas del Barroco.

La inspección rápida de la obra de Ingres da, en ocasiones, la impresión de simple. No nos engañemos, no lo es en absoluto. Generalmente es incluso poco realista.

Observemos la obra conocida como «La fuente», que representa una muchacha sencilla con un cántaro que se vierte. El catedrático de Psicología del Arte de la Universidad de Harvard Rudolph Arnheim, en su obra «Arte y percepción visual» hace un profundo estudio de esta pintura del que tomo prestado algunos elementos. Fijémonos en la posición del brazo y el cántaro: Lo que desde la óptica visual, en el plano bidimensional del cuadro, es verosímil, no resulta así  en el mundo real. Se trata de una posición incómoda y artificiosa.

La fuente - Ingres

La fuente – Ingres

Sobre la temática del cuadro escribió:

En contraste con el «rostro» vacío del cántaro, los rasgos de la muchacha establecen un contacto más marcado con el observador. Al mismo tiempo, el cántaro deja que el agua mane libremente, mientras la boca de la muchacha está cerrada. Este contraste no acaba en el rostro. El cántaro, con sus connotaciones uterinas, rima también con el cuerpo humano, y de nuevo aquí la semejanza sirve para subrayar que en tanto el recipiente libera abiertamente la corriente, la zona pelviana del cuerpo está cerrada. El cuadro, en suma, juega con la femineidad retenida pero prometida

Elementos estructurales de "La fuente" según R. Arnheim

Elementos estructurales de «La fuente» según R. Arnheim

La aparente verticalidad de la obra no se cumple. Está formada por pequeños ejes oblicuos con direcciones oscilantes y que se compensan con otros transversales, más cortos, que se inclinan en uno y otro sentido. Esto da gracilidad a la figura generando una sensación de movimiento.

Si en «La fuente» la disposición del brazo se aleja del realismo para lograr una mayor expresividad veremos cómo este autor, en otras obras, modifica la propia anatomía de sus modelos con fines artísticos. Lo podemos apreciar en tres obras, muy conocidas y fuertemente relacionadas: «La gran odalisca», «La bañista de Balpinçon» y «El baño turco». En la primera de estas obras la relación entre la espalda, las nalgas y las piernas resulta, cuanto menos, extraña. Da la impresión de una fotografía realizada con un gran angular exagerado en la que el predominio relativo del primer plano inmediato, las nalgas de la mujer, permite acentuar la curvatura del cuerpo y al mismo tiempo sostener esa mirada que nos dirige, pese a encontrarse de espaldas. La altura de la mirada indica que mira al pintor localizado a su nivel, o a nosotros colocados en la posición del pintor. El cuadro está pintado en tonos fríos, pero no notamos frialdad en el mismo. El cuerpo muy dibujado y fuertemente iluminado se destaca en gran parte sobre un fondo negro, pero el refinamiento, detallismo y lujo con el que se tratan los escasos adornos: el tocado, pulsera, un cinturón (?) situado en primer plano, o el abanico de plumas de pavo real, dan calidez y refinamiento muy al gusto orientalizante. En la parte derecha parece observarse una pipa de opio.

La Gran Odalisca - Ingres

La Gran Odalisca – Ingres

En las dos últimas se representa, claramente a la misma mujer de espaldas de la que según un crítico, tiene tres vértebras de más. Ingres sacrifica la realidad en favor de su concepción de la belleza, pero también intenta lograr el objetivo artístico de representar un cuerpo humano al mismo tiempo de espaldas y de frente. Esto tuvo una gran influencia en Picasso y se llevó al límite con el cubismo.

La bañista de Balpinçon - Ingres

La bañista de Balpinçon – Ingres

En «la bañista de Balpinçon», esta doble visión frontal-trasera no se encuentra tan destacada cono en la «Gran Odalisca» o en «El baño turco». Apreciamos la distorsión de la espalda comentada, en un cuadro de factura más sencilla. No existen los refinamiento de «La Gran Odalisca», pero la obra no está totalmente exenta de los mismos. El curioso paño que envuelve parcialmente el brazo izquierdo de la dama, el tocado realizado con mucho detalle y cuyos elementos rojos acompañan unos zapatos del mismo color caídos junto a los pies de la misma, dan un toque erótico-fetichista a la imagen.

Finalmente, voy a comentar un poco una de las obras más conocidas de Ingres: «El baño turco». Una obra muy tardía que el pintor llevó a cabo a los 82 años (lo indica expresamente con su firma). Para empezar nos sorprende el formato de la obra. El formato circular no estaba de moda en la época. Pocas veces lo ha estado, aunque algunos pintores renacentistas como Rafael o Botticelli lo utilizaron en sus cuadros, y conocemos la influencia que tuvo Rafael en la pintura de Ingres. En cualquier caso, la pintura se compuso originalmente con un formato rectangular y el pintor acabó recortando el mismo. Ello nos da una visión similar a la que obtendríamos a través del ojo de una cerradura y aprieta en el espacio los cuerpos desnudos de un gran número de odaliscas que vemos en un imaginario harén. Éste debería evocar a los franceses de la época el mundo narrado por Sheherezade en las Mil y Una Noches (la primera versión europea la había editado el francés Antoine Galland entre 1704 y 1719).

El baño turco - Ingres

El baño turco – Ingres

Junto a la mujer de espaldas que toca el instrumento musical y se asemeja extraordinariamente a la representada en «La bañista de Balpinçon», se destaca un grupo de tres figuras colocadas en primer plano a su derecha. La primera en una pose erotizante con los brazos extendidos sobre la cabeza mira a algún lugar situado a su izquierda. Las otras dos se encuentran abrazadas y una de ellas acaricia el pecho de la otra en un ritual lésbico. Su figura parece destacarse gracias al tocado (¿corona?). Quizás es la Favorita. La intérprete  parece dirigir su mirada al cuerpo de éstas, pero no a la cara. En toda la obra las miradas no se cruzan y ello parece aislar a estas mujeres, pese al íntimo contacto de sus cuerpos.

La obra se vendió inicialmente a un familiar de Napoleón III, que tuvo que devolverla ante la negativa de su mujer a aceptarla, pues la consideraba indecorosa.

Los desnudos femeninos de Jean-Auguste Dominique Ingres juegan un papel destacado en la Historia del Arte y su influencia se dejó sentir en los siglos XIX y XX.

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El cuerpo desnudo en fotografía: Paisajes del desnudo

Les presento la obra de dos fotógrafos muy diferentes: Lucien Clergue y Carl Warner. El primero, un fotógrafo francés muy reputado y recientemente fallecido, el segundo un fotógrafo inglés bastante joven (nacido en 1963). Los une el uso de imágenes corporales en la construcción de paisajes inventados y sugerentes. Los separan muchas cosas: técnica, sujetos, estilo…

En la obra de Lucien Clergue el protagonismo lo tiene siempre la mujer. Se realzan las curvas de su cuerpo, fragmentado siempre. El rostro siempre ausente. Se dice que ello le permitió evadir la censura en los años cincuenta. Mujer arquetípica, despersonalizada. La luz juega un papel muy relevante, destacando los brillos de la piel mojada o filtrada a través de un sistema de persianas que dibujan texturas «acebradas» en un cuerpo semioculto. La obra respira un fuerte erotismo.

Lucien Clerge

Autor: Lucien Clerge

Autor: Lucien Clergue

Autor: Lucien Clergue

Autor: Lucien Clergue

Autor: Lucien Clergue

Autor: Lucien Clergue

Autor: Lucien Clergue

Lucien Clergue fue un gran amigo de Picasso e ilustró algunos poemas del poeta surrealista Paul Elouard. Su influencia en el arte fotográfico es incuestionable.

Frente al mundo blanco y negro de Clergue los tonos ocre de Carl Wanter. El protagonismo ya no es femenino. La obra más abstracta parece formar paisajes de desiertos o planetas desconocidos. Es fruto de una labor de edición cuidada y compleja. Sólo existe un único cuerpo en cada obra que se repite (lo que le evita problemas con las diferencias de texturas y colores de la piel) y cuyos fragmentos se vuelven rocas, montañas o desiertos.

The-Cave-of-Abdo-men-Carl Warner

The-Cave-of-Abdo-men-Carl Warner

Shin-Knee-Valley-Carl Warner

Shin-Knee-Valley-Carl Warner

Desert-of-Sleeping-Men1- Carl Warner

Desert-of-Sleeping-Men1- Carl Warner

The-Sleeper.-Carl Warner

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El cuerpo desnudo en fotografía: Eadweard Muybridge, el fotógrafo del movimiento.

Muybridge fue el primero en fotografiar el cuerpo humano en movimiento (4 de marzo de 1879) y centró su interés en el estudio de los movimientos cotidianos. Utilizó como modelos a atléticos personajes masculinos del campus de la universidad pero, ante la ausencia de mujeres en el mismo, tuvo que contratar a modelos femeninos. Esa diferencia en la extracción de sus modelos se nota en las fotografías. También fotografió niños.

Escaleras - Muybridge

Escaleras – Muybridge

Apreciamos en casi todas sus obras la rejilla antropométrica situada detrás de las figuras, con objeto de realizar mediciones. Es por tanto, uno de los creadores de la fotografía científica.

Aunque traigo aquí a colación este fotógrafo por su relación con el desnudo, hay que tener en cuenta que su obra no está dedicada, exclusivamente al estudio del cuerpo y movimiento humano. El estudio del movimiento de los animales constituyó también un aspecto destacado de su producción, debiendo destacarse que la obra que lo encumbró es una fotografía en la que demuestra que el caballo, en su carrera, llega a mantener las cuatro patas en el aire al mismo tiempo (lo que era objeto de polémica por la época).

Muchachos jugando a la pídola - Muybridge

Muchachos jugando a la pídola – Muybridge

Su interés por el movimiento lo llevó a perfeccionar la cámara fotográfica, inventando un obturador que le permitía un tiempo de exposición récord de 1/500 segundos así como un sistema extraordinariamente sofisticado de cámaras sincronizadas. Lógicamente, la precisión del enfoque tenía un carácter secundario. También inventó el “zoopraxiscopio” que permitía proyectar en una pantalla una secuencia de imágenes contenidas en un disco, simulando el movimiento, anticipándose al cinematógrafo de los hermanos Lumière. En el video presentado anteriormente observamos lo que sería este movimiento generado utilizando sus fotografías pero con técnicas modernas.

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El desnudo en el Arte: Jacques-Louis David

A Jacques-Louis David (1748-1825) se le considera el pintor de la Revolución Francesa. Ligado al sector más revolucionario e intransigente de la misma (los Jacobinos) mantuvo un fuerte contacto con sus principales líderes, primero, y con Napoleón en fechas posteriores. El drástico cambio social generado en este tiempo se reflejó en el cambio en los gustos artísticos. Tanto el arte barroco como el rococó se consideró decadente y se volvió la vista hacia el mundo grecolatino cuyos héroes reflejaban mejor el espíritu de valor y sacrificio que se esperaba de los nuevos ciudadanos. El arte al servicio de la nueva moral. Surge el Neoclasicismo. Las curvas del rococó se transforman en rectas, desaparecen los adornos, los volúmenes de los cuerpos se destacan y se delimitan, adquiriendo el dibujo de estos un gran protagonismo. La imagen de los mismos se idealiza.

En la obra de David, el desnudo femenino está casi ausente, como en el mundo grecolatino, y posiblemente con la misma justificación. Es el desnudo masculino el que encarna esas deseadas virtudes: honor, dignidad, sacrificio por el bien común… La herencia de Poussin se manifiesta fácilmente en la composición de las escenas. Tomemos como ejemplo la obra «El rapto de las sabinas». El motivo es muy conocido pero aquí David no pintó propiamente el rapto sino la ulterior mediación de las mujeres intentando evitar el enfrentamiento entre los romanos y los sabinos, ahora ya maridos. La obra, pese a la arquitectura mostrada y las lanzas del fondo, presenta poca profundidad, y resulta bastante abigarrada. El dibujo de las figuras se impone al colorido de las mismas. La disposición en cruz de la sabina y la fuerte iluminación de la misma destacan su papel. Quizás un símbolo de la reconciliación entre las distintas facciones revolucionarias. Para el pintor ésta fue su obra favorita, aunque hoy resulten más famosas sus pinturas sobre Napoleón o «La muerte de Marat».

El rapto de las sabinas - Davi

El rapto de las sabinas – David

El mismo estilo lo observamos en «Leónidas en las Termópilas».

Leónidas en las Termópilas - David

Leónidas en las Termópilas – David

Cuerpos idealizados, muy dibujados, inmersos en una escena recargada. La estructura en cruz de toda la obra, en la que Leónidas se coloca en el punto central, refuerzan el protagonismo del líder presto a sacrificarse por su ideal. La disposición del fondo es bastante barroca, aunque se destaca en el mismo un templo griego.

Debo reconocer que el estilo de David en estas pinturas me parece demasiado frío y teatral. Prefiero otras composiciones de desnudos, mucho más sencillas, y donde el estilo barroco considero que se evidencia más que el nuevo neoclásico. Como la de Patroclo, con

Joven conocido como Patroclo - David

Hombre conocido como Patroclo – David

Hombre conocido como Héctor - David

Hombre conocido como Héctor – David

gran influencia de Caravagio, que se ha convertido en uno de los iconos de la célebre exposición de desnudos masculinos del museo Leopold de Viena. O «Héctor» cuya composición en diagonal descendente recuerda a algunas obras comentadas de Rubens, o en «La muerte de Joseph Bara», un joven revolucionario francés asesinado al no querer entregar unos caballos al bando contrarrevolucionario.

La muerte de Joseph Bara - David

La muerte de Joseph Bara – David

El desnudo neoclásico, masculino y femenino, adquiere su real importancia en los discípulos de David. Fundamentalmente en Ingres. Lo comentaremos posteriormente.

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El cuerpo desnudo en fotografía: Evelyn Bencicova

De la obra fotográfica más clásica y antigua a la de última actualidad. Les muestro hoy a una jovencísima fotógrafo: Evelyn Bencicova (Bratislava, Eslovaquia, 1992).

La obra suele estar bañada de una luz fría, blanco-verdosa que ilumina y dibuja los cuerpos envolviendo a unas figuras enigmáticas. No resulta fácil comprender qué ocurre en sus escenarios. Veamos, por ejemplo, este primer grupo de fotografías que corresponde a su serie «Ecce Homo». Cuerpos sin rostros, sin identidades, incluso sin una clara distinción de sexo, en un contacto asfixiante. Pudieran tener un carácter dramático pero no necesariamente. La autora confiesa que su mayor influencia pictórica viene de Géricault, el conocido autor decimonónico de «La balsa de la medusa». Los cuerpos apiñados y retorcidos la evocan, pero opino que más que dramatismo hay ensoñación, onirismo.

Ecce Homo (1) - Evelyn Bencicova

Ecce Homo (1) – Evelyn Bencicova

Ecce Homo (2) - Evelyn Bencicova

Ecce Homo (2) – Evelyn Bencicova

Ecce Homo (3) - Evelyn Bencicova

Ecce Homo (3) – Evelyn Bencicova

Ese tono ausente, presente en toda su obra, contribuye a que ignoremos siempre el significado último de las acciones que nos muestra, imponiendo siempre una distancia entre la escena representada y el espectador de la misma.

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El desnudo en el arte: La «Maja desnuda» de Goya

Resulta inevitable detenerse ante el desnudo español más famoso de todo el siglo XVIII y un icono clave en la Historia del Arte.

La «Maja desnuda» fue pintada por Goya en la última década del siglo XVIII supuestamente por encargo de Godoy, ministro y favorito del rey Carlos IV. Su pintura es anterior a la de la «Maja vestida» cuyo papel se dice consistía en ocultar a la primera de las miradas indiscretas. Siempre fue motivo de polémica: perseguida por la Inquisición y, hasta fechas recientes, guardada en salas que la apartaban del gran público.

No sabemos quién era, si la Duquesa de Alba, Pepita Tudó (primero amante y luego esposa de Godoy), si la imagen estaba compuesta por una mezcla de las de ambas damas (el cuerpo de la primera y la cara de la segunda), o si se trataba de una mujer totalmente desconocida. Pero está claro que Goya pintó una mujer real. No se trata de una diosa como podría tratarse del retrato de Mademoiselle O’Murphy de Boucher, comentado en el un «post» anterior. La figura se encuentra aquí aislada, sin ningún elemento simbólico y nos mira desafiante, plenamente consciente de nuestra presencia. En la obra de Boucher somos testigos involutarios  o voyeurs, en la de Goya la dama nos invita a observarla. Volveremos a encontrarnos con algo similar en la Olimpia de Manet, una prostituta, si bien no podemos hacer aquí esta afirmación pues el destinatario de esta mirada pudiera ser una persona concreta. Estas obras nunca fueron concebidas para su exhibición frente al gran público.

Maja desnuda - Goya

Maja desnuda – Goya

La posición de los brazos levanta y desparrama su pecho y, al mismo tiempo, forman un rombo en el que se inscribe la cara. El rombo es una figura con connotaciones eroticas ligada siempre al sexo femenino. Se aprecia el bello púbico (por primera vez en la historia del arte). Nada distrae nuestra mirada. No hay fondo. La sábana y cojines sobre  los que se recuesta están dibujados con pinceladas más sueltas y abocetadas que el cuerpo, y sus fríos colores, blanco y verde, destacan el tono rosáceo de su piel. El cuerpo muy modelado parece a algunos «demasiado perfecto», demasiado académico y, en el fondo poco real. Contrasta su cabeza que parece disponerse de un modo un poco forzado, como si no estuviera sujeta por el cuello. Nos parece superpuesta sobre otra imagen previa, aunque los estudios de rayos X han descartado este hecho.

En cualquier caso, esta intrigante obra será una referencia muy destacada para el arte de los siglos XIX y XX.

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2009. «Mensaje a los extraterrestres» (Video-instalación de Peter Bogers)

Una simulación 3-D de una instalación de Peters Bogers cuya descripción traduzco de la página de Youtube.

Descripción: Dos cuerpos desnudos de un hombre y una mujer, filmados por la espalda, se proyectan en el techo casi al doble de su tamaño natural. Las dos imágenes son arquetípicas, inmóviles y, a primera vista, casi fotográficas. El agua forma cuentas en la superficie de la piel y finalmente cae, desapareciendo de la imagen de la izquierda o la derecha como pequeños destellos de luz. Dos tumbonas, en la que la gente puede echarse, se colocan justo debajo de las imágenes. Si lo hace, la posición del cuerpo de los espectadores será más o menos comparable con la posición de las dos imágenes proyectadas por encima de él. Así, el cuerpo de los visitantes se convierte en una parte de la instalación. En el lado derecho e izquierdo de la cabeza de los espectadores se encuentran empotrados dos altavoces. Interpretan una composición espacial de ruidos electrónicos relacionados con las señales de comunicación de radio. Dentro de esta composición, cada gota que cae puede ser reconocida. Cada gota es, como tal, audible o influye en el paisaje sonoro como un todo.

La división simétrica de la imagen femenina en contraposición a la masculina y la simetría (izquierda – derecha) dentro de cada uno de los dos cuerpos  se enfatiza por las gotas que caen, unas veces de la izquierda y otras de la derecha.

A primera vista las imágenes humanas son estáticas pero en una inspección más cercana parecen tener muchos movimientos sutiles. Se aprecia en el pecho el movimiento de la respiración, el pelo de la mujer está en movimiento y de vez en cuando las manos, los dedos, los pies o la cabeza cambian ligeramente de posición. Incluso pueden descubrirse movimientos sutiles en la superficie de la piel. Con el tiempo estas figuras humanas que viven y respiran, junto con las gotas que rodean sus cuerpos, forman parte de una entidad construída. El carácter artificial de esta entidad también se concreta en los patrones visuales y sonoros rítmicos. Estas pautas sugieren algún tipo de comunicación y podrían formar parte de un lenguaje científico desconocido.

(La realización de este trabajo ha sido posible gracias al apoyo de la «/ Fundación Fonds BKVB Países Bajos para las artes visuales, diseño y arquitectura»)

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