El desnudo en el arte: La “Maja desnuda” de Goya

Resulta inevitable detenerse ante el desnudo español más famoso de todo el siglo XVIII y un icono clave en la Historia del Arte.

La “Maja desnuda” fue pintada por Goya en la última década del siglo XVIII supuestamente por encargo de Godoy, ministro y favorito del rey Carlos IV. Su pintura es anterior a la de la “Maja vestida” cuyo papel se dice consistía en ocultar a la primera de las miradas indiscretas. Siempre fue motivo de polémica: perseguida por la Inquisición y, hasta fechas recientes, guardada en salas que la apartaban del gran público.

No sabemos quién era, si la Duquesa de Alba, Pepita Tudó (primero amante y luego esposa de Godoy), si la imagen estaba compuesta por una mezcla de las de ambas damas (el cuerpo de la primera y la cara de la segunda), o si se trataba de una mujer totalmente desconocida. Pero está claro que Goya pintó una mujer real. No se trata de una diosa como podría tratarse del retrato de Mademoiselle O’Murphy de Boucher, comentado en el un “post” anterior. La figura se encuentra aquí aislada, sin ningún elemento simbólico y nos mira desafiante, plenamente consciente de nuestra presencia. En la obra de Boucher somos testigos involutarios  o voyeurs, en la de Goya la dama nos invita a observarla. Volveremos a encontrarnos con algo similar en la Olimpia de Manet, una prostituta, si bien no podemos hacer aquí esta afirmación pues el destinatario de esta mirada pudiera ser una persona concreta. Estas obras nunca fueron concebidas para su exhibición frente al gran público.

Maja desnuda - Goya

Maja desnuda – Goya

La posición de los brazos levanta y desparrama su pecho y, al mismo tiempo, forman un rombo en el que se inscribe la cara. El rombo es una figura con connotaciones eroticas ligada siempre al sexo femenino. Se aprecia el bello púbico (por primera vez en la historia del arte). Nada distrae nuestra mirada. No hay fondo. La sábana y cojines sobre  los que se recuesta están dibujados con pinceladas más sueltas y abocetadas que el cuerpo, y sus fríos colores, blanco y verde, destacan el tono rosáceo de su piel. El cuerpo muy modelado parece a algunos “demasiado perfecto”, demasiado académico y, en el fondo poco real. Contrasta su cabeza que parece disponerse de un modo un poco forzado, como si no estuviera sujeta por el cuello. Nos parece superpuesta sobre otra imagen previa, aunque los estudios de rayos X han descartado este hecho.

En cualquier caso, esta intrigante obra será una referencia muy destacada para el arte de los siglos XIX y XX.

Acerca de marmteo

Profesor universitario de Química Orgánica. Muy aficionado al arte, a la fotografía,a la música clásica y a la literatura. Nudista desde hace muchos, muchos años
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