Sandro Kopp (Heidelberg, Alemania, 1978) está considerado como un artista visual germano-neozelandés, pues en este último país estudió y desarrolló una buena parte de su obra. Actualmente trabaja en Escocia. Sus desnudos corresponden a pinturas al óleo de familiares y amigos, pero junto a esta labor trabaja también para el cine, como en la obra The French Dispatch (La Crónica Francesa) de Wes Anderson. De su labor en ésta comenta:
«En cuanto a las pinturas, consultamos innumerables referencias. Frank Auerbach, Willem de Kooning y Francis Bacon fueron particularmente destacados en nuestra investigación, pero teníamos muy claro que necesitábamos que las pinturas fueran idiosincrásicas y no queríamos que el arte se pareciera demasiado a la obra de ningún pintor vivo o muerto».
Ese elemento expresionista – sin alejarse del realismo – creo que impera en los retratos que les muestro:
Se conocen pocas obras de Rogier van der Weyden (Tournai, Bélgica, 1399 o 1400-1464) y, a la hora de comentar sus desnudos, me veo limitado a una única composición: «El Juicio Final». ¿Por qué entonces tratarlo aquí? Se trata solamente de una fijación personal. Su obra «El descendimiento», que se nos muestra en el Museo del Prado, resulta para mí verdaderamente fascinante. Color, composición, … todo me parece perfecto, y si tuviese que escoger una única obra de la ingente colección de esta pinacoteca, escogería ésta. El desnudo es prácticamente nulo, pues se destacan los extraordinarios ropajes de los distintos personajes. Sólo Cristo está casi desnudo, con el característico «paño de pureza».
El Descendimiento
Algo más desnudo, pues se juega con la transparencia este «perizonium», se nos presenta en la «Crucifixión»:
Crucifixión
Así pues, voy a mostrar con detalle otra de sus extraordinarias creaciones: El Juicio Final, creada para el Hospicio de Beaune, localidad francesa en la que sigue conservándose. Nuevamente, el color es una de las características dominantes y se despliega ampliamente en los ropajes de todas las figuras del Reino de los Cielos. Los seres humanos, sujeto al juicio divino, están desnudos y ocupan la zona inferior del políptico. No existe ninguna diferenciación en el tratamiento del desnudo para aquellos que van al Cielo y para los que se condenarán al Infierno. La desnudez aquí es una muestra de igualdad, de imposibilidad de ocultación de sus personalidades, de transparencia ante Dios. Curiosamente, el Cristo que preside la obra va cubierto con un manto púrpura (mucho más sencillo que el del ángel que se encuentra a sus pies) y parece mostrar un cuerpo, por lo demás, desnudo.
El Juicio Final
Dada las dimensiones de la obra, les iré mostrando, para que pueda ser apreciada, ampliaciones de varias partes de la misma:
Posiblemente esta obra influyó en la creación, del mismo título de Hans Memling y es contemporánea de la obra homónima de Dirk Bouts (Haarlem, Países Bajos, 1420-1475) – uno de sus últimos trabajos que se conserva incompleto – de la que muestro la parte correspondiente al Infierno:
La caída de los condenados – Dirk Bouts
Aquí vemos algunas ampliaciones de esta última obra:
Simon Vouet (París, Francia, 1590-1649) fue un destacado pintor del barroco francés. Su obra, según comenta el Museo del Prado, tiene dos etapas muy diferenciadas: Hasta 1627, y después de viajar por Constantinopla y por varios lugares de Italia, predomina la influencia caravaggista. A partir de esa fecha, y establecido en Francia, domina el clasicismo. Vouet tuvo un gran prestigio y su influencia llegó, en España, hasta Goya.
Carl van Vechten (Cedar Rapids, Iowa, USA, 1880-1964) fue una destacada figura neoyorkina de la primera mitad del siglo XX. Musicólogo, escritor, editor y fotógrafo, tuvo una labor artística destacada en esta ciudad al actuar como enlace entre las comunidades artísticas blancas y afroamericanas, en el movimiento cultural conocido como Renacimiento de Harlem.
Maria Naidyonova (Kiev, Ucrania) es una artista plástica que vive y trabaja en Alemania. En este país exhibe frecuentemente sus obras, aunque también lo ha hecho en los Estados Unidos. El desnudo, tema central de sus óleos y acuarelas, es tratado con un particular estilo expresionista.
Benoît Lumeau d’Hauterives (Francia, 1967) parte de sus conocimientos y ejercicio como pintor-restaurados par ir dedicándose a una pintura más personal favorecido por su amplios conocimientos de dibujo y técnicas clásicas. En su página web leemos:
«Profundamente nutrido de los «Clásicos» que no duda en revisitar, los hechos sociales como la discriminación, la violencia familiar, la homosexualidad o las cuestiones de género, se establecen como puntos de partida que trata, a menudo revelando, sin sumergirse nunca en ningún tipo de proselitismo. Los cuerpos, la mayoría de las veces masculinos, tratados con economía de líneas y materiales tiene un alto grado de espontaneidad y parecen desaparecer detrás de una gruesa capa pictórica tratada con un cuchillo, similar a la corteza vegetal que fotografía a su antojo, como testigo de la dualidad. que opone hoy Naturaleza y Humanidad…. A menos que, por el contrario, reaparezcan como frescos olvidados tras los estragos del tiempo, para revelar la evidencia de Belleza y Espiritualidad en la compleja relación que mantienen el artista y su tema».
Me llamaron la atención sus re-interpretaciones de la Olimpia de Manet desde una perspectiva de género, algo similar a lo que ya había comentado hace poco respecto, a Mary Ellen Croteau:
Wilfried Fitzenreiter (Salza, Nordhausen, Alemania, 1932-2008) fue un destacado escultor cuya obra se encuentra bastante circunscrita a Alemania pero con un trabajo que forma parte de la identidad de algunas de sus ciudades. Este es el caso del conjunto escultórico denominado, en inglés, «Three Girls and a Boy» situada en el paseo Spree de Berlín:
Fitzrenreiter tabajó, a partir de 1975, en la Escuela Arte Weißensee de Berlín y obtuvo numerosas distinciones (Premio Will Lammert de la Academia de las Artes de Berlín en 1964, Premio Käthe Kollwitz de la Academia de las Artes en 1979, Premio Nacional de la RDA en 1981 y Premio Hilde Broër de la Sociedad Alemana de Medallas de Arte en el año 2007).
Desde el contexto de la reflexión artística del desnudo, la figura de Carol Spíndola (México, 1882)) se nos revela como una de las creadoras femeninas y feministas más destacadas del momento. Contrariamente a Mary Ellen Croteau que intercambiaba las identidades masculinas y femeninas en los desnudos artísticos, Spíndola nos muestra siempre su propio cuerpo desnudo ya sea remplazando a otros desnudos femeninos clásicos, como integrado en el paisaje, o bien en un discurso anatómico-evolutivo cuyo centro de atención lo resume en la portada de su página web:
«El origen de la mujer
O de cómo desde la Antigüedad el cuerpo femenino ha ocupado un lugar fundamental en las razones justificadoras del sistema patriarcal de la supuesta inferioridad de las mujeres«.
Pese al comentario anterior, no vemos en esta artista ese «accionismo» de Kiki Smith o de Ana Mendieta. Tampoco una confrontación más o menos dialéctica entre sexos como en Eunice Golden o Joan Semmel. Ninguna sexualización. El cuerpo está ahí, embajador de la identidad personal. A nosotros nos toca reflexionar sobre el mismo.
Caitlin Karolczak (Minnesota, USA, 1984) es una creadora que me resulta enigmática. No termino de comprender el significado último de una obra en la que la belleza puede ir de la mano de imágenes incómodas que ocasionalmente podríamos considerar incluso macabras. En MEDinART podemos leer:
«Si bien la educación artística estuvo ausente en gran medida de su educación inicial, desarrolló un interés en los libros de medicina de su padre (un enfermero) y una afición por las primeras imágenes católicas a través de su educación religiosa. Su imaginería inventada demuestra esta influencia».
Del mismo modo, la siguiente descripción de su obra (en New York Optimist) podemos encontrarla en varias páginas web.
«Caitlin Karolczak entrelaza el pasado con el presente mediante la combinación de técnicas de pintura ancestrales con temas contemporáneos provocativos. La técnica pictórica de Karolczak se basa en los retratos de los siglos XVII y XVIII. Ella capta de manera inquietante la belleza en las circunstancias más inimaginables, especialmente para un espectador del siglo XXI. El trabajo de Karolczak se muestra y recopila internacionalmente. Reside en Minneapolis como artista a tiempo completo y copropietaria de una galería de Spinario. Allí maneja obras de arte originales tan diversas como grabados del siglo XV y pinturas de Ray Parker, Zao Wou Ki y Otto Dix. Su exposición a esta impredecible variedad de obras le ha dado una comprensión más amplia del arte que enriquece la suya.»
Voy a completar esa saga familiar de los Carracci mostrando la obra del mayor de ellos: Ludovico. Ludovico Carracci (Bolonia, Italia, 1555-1619) fue primo de los hermanos Agostino Carracci y Annibale Carracci y, como ellos, formó parte de la Escuela Boloñesa. Opuesto al manierismo imperante y lejos de cualquier artificiosidad y de cualquier moda impuesta, su obra envejeció pronto. Su carrera profesional, en su última etapa, estuvo consagrada fundamentalmente a la docencia.
Profesor universitario del área de Química Orgánica. Aficionado al arte, a la música clásica, la fotografía y la literatura. Nudista desde hace muchos años.
Este blog aúna esas dos pasiones: Desnudo y arte
Visiones sobre el desnudo masculino en el arte contemporáneo – Miguel A. Ramírez
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Desnudo e identidad en la obra de Anita Steckel y Joan Semmel – Miguel A. Ramírez
Disponible libremente en el repositorio de la Universitat Oberta de Catalunya http://hdl.handle.net/10609/109566