El cuerpo desnudo en fotografía: Evelyn Bencicova

De la obra fotográfica más clásica y antigua a la de última actualidad. Les muestro hoy a una jovencísima fotógrafo: Evelyn Bencicova (Bratislava, Eslovaquia, 1992).

La obra suele estar bañada de una luz fría, blanco-verdosa que ilumina y dibuja los cuerpos envolviendo a unas figuras enigmáticas. No resulta fácil comprender qué ocurre en sus escenarios. Veamos, por ejemplo, este primer grupo de fotografías que corresponde a su serie «Ecce Homo». Cuerpos sin rostros, sin identidades, incluso sin una clara distinción de sexo, en un contacto asfixiante. Pudieran tener un carácter dramático pero no necesariamente. La autora confiesa que su mayor influencia pictórica viene de Géricault, el conocido autor decimonónico de «La balsa de la medusa». Los cuerpos apiñados y retorcidos la evocan, pero opino que más que dramatismo hay ensoñación, onirismo.

Ecce Homo (1) - Evelyn Bencicova

Ecce Homo (1) – Evelyn Bencicova

Ecce Homo (2) - Evelyn Bencicova

Ecce Homo (2) – Evelyn Bencicova

Ecce Homo (3) - Evelyn Bencicova

Ecce Homo (3) – Evelyn Bencicova

Ese tono ausente, presente en toda su obra, contribuye a que ignoremos siempre el significado último de las acciones que nos muestra, imponiendo siempre una distancia entre la escena representada y el espectador de la misma.

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El desnudo en el arte: La «Maja desnuda» de Goya

Resulta inevitable detenerse ante el desnudo español más famoso de todo el siglo XVIII y un icono clave en la Historia del Arte.

La «Maja desnuda» fue pintada por Goya en la última década del siglo XVIII supuestamente por encargo de Godoy, ministro y favorito del rey Carlos IV. Su pintura es anterior a la de la «Maja vestida» cuyo papel se dice consistía en ocultar a la primera de las miradas indiscretas. Siempre fue motivo de polémica: perseguida por la Inquisición y, hasta fechas recientes, guardada en salas que la apartaban del gran público.

No sabemos quién era, si la Duquesa de Alba, Pepita Tudó (primero amante y luego esposa de Godoy), si la imagen estaba compuesta por una mezcla de las de ambas damas (el cuerpo de la primera y la cara de la segunda), o si se trataba de una mujer totalmente desconocida. Pero está claro que Goya pintó una mujer real. No se trata de una diosa como podría tratarse del retrato de Mademoiselle O’Murphy de Boucher, comentado en el un «post» anterior. La figura se encuentra aquí aislada, sin ningún elemento simbólico y nos mira desafiante, plenamente consciente de nuestra presencia. En la obra de Boucher somos testigos involutarios  o voyeurs, en la de Goya la dama nos invita a observarla. Volveremos a encontrarnos con algo similar en la Olimpia de Manet, una prostituta, si bien no podemos hacer aquí esta afirmación pues el destinatario de esta mirada pudiera ser una persona concreta. Estas obras nunca fueron concebidas para su exhibición frente al gran público.

Maja desnuda - Goya

Maja desnuda – Goya

La posición de los brazos levanta y desparrama su pecho y, al mismo tiempo, forman un rombo en el que se inscribe la cara. El rombo es una figura con connotaciones eroticas ligada siempre al sexo femenino. Se aprecia el bello púbico (por primera vez en la historia del arte). Nada distrae nuestra mirada. No hay fondo. La sábana y cojines sobre  los que se recuesta están dibujados con pinceladas más sueltas y abocetadas que el cuerpo, y sus fríos colores, blanco y verde, destacan el tono rosáceo de su piel. El cuerpo muy modelado parece a algunos «demasiado perfecto», demasiado académico y, en el fondo poco real. Contrasta su cabeza que parece disponerse de un modo un poco forzado, como si no estuviera sujeta por el cuello. Nos parece superpuesta sobre otra imagen previa, aunque los estudios de rayos X han descartado este hecho.

En cualquier caso, esta intrigante obra será una referencia muy destacada para el arte de los siglos XIX y XX.

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2009. «Mensaje a los extraterrestres» (Video-instalación de Peter Bogers)

Una simulación 3-D de una instalación de Peters Bogers cuya descripción traduzco de la página de Youtube.

Descripción: Dos cuerpos desnudos de un hombre y una mujer, filmados por la espalda, se proyectan en el techo casi al doble de su tamaño natural. Las dos imágenes son arquetípicas, inmóviles y, a primera vista, casi fotográficas. El agua forma cuentas en la superficie de la piel y finalmente cae, desapareciendo de la imagen de la izquierda o la derecha como pequeños destellos de luz. Dos tumbonas, en la que la gente puede echarse, se colocan justo debajo de las imágenes. Si lo hace, la posición del cuerpo de los espectadores será más o menos comparable con la posición de las dos imágenes proyectadas por encima de él. Así, el cuerpo de los visitantes se convierte en una parte de la instalación. En el lado derecho e izquierdo de la cabeza de los espectadores se encuentran empotrados dos altavoces. Interpretan una composición espacial de ruidos electrónicos relacionados con las señales de comunicación de radio. Dentro de esta composición, cada gota que cae puede ser reconocida. Cada gota es, como tal, audible o influye en el paisaje sonoro como un todo.

La división simétrica de la imagen femenina en contraposición a la masculina y la simetría (izquierda – derecha) dentro de cada uno de los dos cuerpos  se enfatiza por las gotas que caen, unas veces de la izquierda y otras de la derecha.

A primera vista las imágenes humanas son estáticas pero en una inspección más cercana parecen tener muchos movimientos sutiles. Se aprecia en el pecho el movimiento de la respiración, el pelo de la mujer está en movimiento y de vez en cuando las manos, los dedos, los pies o la cabeza cambian ligeramente de posición. Incluso pueden descubrirse movimientos sutiles en la superficie de la piel. Con el tiempo estas figuras humanas que viven y respiran, junto con las gotas que rodean sus cuerpos, forman parte de una entidad construída. El carácter artificial de esta entidad también se concreta en los patrones visuales y sonoros rítmicos. Estas pautas sugieren algún tipo de comunicación y podrían formar parte de un lenguaje científico desconocido.

(La realización de este trabajo ha sido posible gracias al apoyo de la «/ Fundación Fonds BKVB Países Bajos para las artes visuales, diseño y arquitectura»)

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El cuerpo desnudo en fotografía: Riebicke, el fotógrafo del naturismo alemán

Nos vamos a ir casi a los primeros tiempos de la fotografía, dominados completamente por los retratos estáticos.  La fotografía instantánea surge hacia 1880 pero sólo hacia 1930 los avances tecnológicos permitieron captar plenamente el movimiento surgiendo de este modo la fotografía del deporte o la danza.

En la Alemania nazi el culto al cuerpo propició la aparición de imágenes de cuerpos atléticos, tanto masculinos como femeninos, que congelaban  en el aire instantes de su exhibiciones. Podemos pensar que el nudismo, que surgió en este país a principios del siglo XX, pudo compartir algunos de los estos presupuestos (ejercicio, vida al aire libre y alimentación sana) pero sabemos que  pronto mostró su alejamiento y rechazo de esta ideología… y viceversa.

«La fascinación que sentía Hitler por el ideal griego no le impidió cerrar los parques nudistas en 1933. El nudismo era una ideología demasiado liberal para acomodarse al ideal nazi de cuerpos reglamentados al servicio del estado. La fotografía había contribuido en gran medida a la liberación del cuerpo, y era un elemento esencial en las numerosas revistas vinculadas al movimiento nudista. Un motivo habitual era la figura alegre saltando, joven y flexible…» (El Cuerpo. Fotografías de la configuración humana. William A. Ewing. Ed. Siruela, 1996)

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Gerhard Riebicke (Alemania, 1878-1957) fue quizás el exponente más notable de esta fotografía asociada al naturismo alemán conocido internacionalmente por su iniciales FKK (acrónimo de Cultura Libre del Cuerpo). Fue el fotógrafo del deporte, danza y naturismo

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más importante de Alemania entre 1925 y 1935. Una gran parte de su obra fue destruida por un incendio durante la Guerra Mundial, pero aún podemos contar con valiosos ejemplos, como les muestro.

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El desnudo en el arte: François Boucher

Para comprender la obra de Boucher hay que posicionarse en la primera mitad del siglo XVIII, un siglo con un estilo muy alejado del de los siglos precedentes.El arte barroco pierde todo su dramatismo y se vuelve mucho más recargado y «decorativo». Da paso al arte rococó. Este estilo dirigido según el gusto personal del monarca francés Luis XIV, y posteriormente Luis XV, dominó las cortes europeas. El lujo y la relajación de las costumbres sexuales se aprecian en el arte de la época que, como se observa en el arte pastoril, se aleja totalmente de la sociedad para crear mundos ficticios del gusto de la corte. La Revolución Francesa y, artísticamente, el Neoclasicismo acabarían con esta tendencia antes de acabar el siglo.

Independientemente de que debo reconocer que no me agrada particularmente este movimiento, considero que François Boucher nos ha dejado desnudos femeninos de una extraordinaria belleza. Por ejemplo, este retrato de Mademoiselle O’Murphy, una amante de catorce años del rey Luis XV en la que apreciamos su extraordinaria sensualidad y su claro y buscado componente erótico. Hoy sería pornografía infantil, pero si nos olvidamos de este hecho (de nada nos vale intentar proyectar nuestras valoraciones morales a hechos ocurridos en una historia lejana) podemos admirar los recursos

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utilizados por el pintor para lograr estos efectos. Tanto la figura como lo que podemos considerar ropa de cama, se encuentran bañadas por una luz difusa. La pintura se aplica en pinceladas pequeñas y cuidadas dando a la piel de la muchacha un tono rosáceo y  de porcelana. Los otros elementos bañados por la luz tiene delicados tonos pastel que contrastan con los ocres y marrones del diván y cortinajes. El ligero desequilibrio de su cuerpo que parece que puede caer hacia nosotros en cualquier momento y la estructura del mismo en forma de cruz que enfatiza la imagen de las nalgas realza el componente erótico. Por el contrario, la joven no nos mira. Su mirada se dirige fuera de la escena. No hay una provocación directa. También la posición de las manos nos hace recordar esas Venus mitológicas. Esta figura fusiona, en cierto modo, el aspecto divino y humano del amor. Veremos, en una próxima entrada, la gran diferencia que supone la Maja Desnuda de Goya.

A colación de esta obra me permito reproducir un fragmento del artículo «Ya no es una diosa» de Fred Licht:

» Nos acercamos más a lo que la desnudez significa en términos modernos con la observación de Diderot de que entre una mujer desnuda y una mujer desvestida hay un mundo de diferencia. Estar desvestido no implica un estado natural, sino una transgresión deliberada de lo establecido dentro de un sistema en el que la norma es estar vestido. Estar desnudo implica una dimensión heroica e inocente… Esta aceptación de una desnudez emblemática de una dimensión heroica o divina… se mantiene durante siglos, incluso en una pintura tan licenciosa como la célebre Mademoiselle O’Murphy de Boucher» (El desnudo en el Museo del Prado, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 1998)

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El cuerpo desnudo en fotografía: Autorretratos de John Copland

Voy a intentar crear una nueva serie de pequeños artículos en los que se muestre la obra de los grandes creadores de la Fotografía y su relación con el cuerpo desnudo. No seguiré  un orden cronológico e iré mostrándola a medida que vaya recopilando en Internet el material gráfico necesario. Quien desee una Historia de la fotografía de desnudo le recomiendo la serie de artículos publicados por Info Nudismo, que considero muy interesantes.

John Copland  (1920-2003) fue un artista inglés. Pintor, profesor de arte, editor de la prestigiosa revista de arte internacional ArtForum y, desde 1980, un relevante fotógrafo del que podemos destacar las obras en las que el cuerpo humano, su propio

Autorretrato (I) - Copland

Autorretrato (I) – Copland

cuerpo, adquiere un carácter protagonista. Una técnica muy sofisticada para mostrar el cuerpo, usualmente fragmentado, con un extraordinario realismo  y, al mismo tiempo,

Autorretrato (II)-Copland

Autorretrato (II)-Copland

Self Portrait: Back with Arms Above - Copland

Self Portrait: Back with Arms Above – Copland

creando o sugiriendo formas ajenas al mismo, en ocasiones misteriosas. Copland decía que no tenía ningún interés documental en su cuerpo que era como el de cualquier otro hombre de setenta años.

John Coplans, Self-Portrait- Feet Frontal

John Coplans, Self-Portrait- Feet Frontal

Autorretrato - manos - Coplan

Autorretrato – manos – Copladn

Alguno de sus desnudos podrían representar muy bien el Naturismo. El cuerpo onmipresente integrado en la Naturaleza, aunque en ocasiones arrancado de la misma por las tijeras del fotógrafo. Un cuerpo no idealizado, no erótico, no autocomplaciente, presente sólo.

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Danza desnuda

Compartido en Youtube, aunque no se muestran referencias ni a los bailarines ni  a la coreografía.

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El desnudo en el arte: Los grabados de Rembrandt

Cuando observamos las distintas representaciones del cuerpo humano a lo largo del Renacimiento y del Barroco apreciamos un intento de generar una imagen «bella» del mismo incidiendo en la proporción y en la armonía de las formas. Los cánones estéticos dependen de la época y, consiguientemente, no tienen por qué coincidir con los nuestros. En ocasiones las imágenes se deforman pero de un modo intencionado con objeto de reforzar su expresividad. Lo hemos visto en el Greco. Por todo ello me ha sorprendido la obra de desnudos de Rembrant. Veamos estos tres  grabados, el primero el clásico  Adan y Eva y los otros dos representan  a dos mujeres, desconocidas, sentadas en un montículo.

Adan y Eva - Rembrandt

Adan y Eva – Rembrandt

Es evidente la desproporción de los elementos de los cuerpos que, en estos casos, no parece corresponder con un deseo expreso del autor para enfatizar algún aspecto de la obra. Rembrandt fue un extraordinario retratista pero no llegó nunca a dominar la representación del cuerpo humano. Sin embargo es un genio de la pintura y en todas sus obras se aprecia un gran dominio de la técnica, un profundo conocimiento de la iluminación y, muy especialmente,  sus obras tienen una expresividad verdaderamente extraordinaria. No representan dioses, son personas de carne y hueso con las que, pensamos,  podríamos encontrarnos  en cualquier momento de lograr viajar al siglo XVII. Pocos pintores lograr hacernos tan creíbles sus personajes

Mujer desnuda - Rembrand

Mujer desnuda – Rembrand

Mujer desnuda sentada en un montículo - Rembrandt

Mujer desnuda sentada en un montículo – Rembrandt

Gozan de bastante fama las obras «Júpiter y Antiope» y , especialmente, la incorrectamente conocida como «Negra dormida» (no es una mujer negra) por su posible

Júpiter y Antiope - Rembrandt

Júpiter y Antiope – Rembrandt

relación con la «Venus del espejo» de Velázquez. Ambas obras destacadas de Rembrandt pero que, pese a poseer un mayor realismo en el tratamiento de los cuerpos femeninos, no tiene en mi opinión el encanto de esas miradas expresivas, vitales, que se dirigen hacia nosotros con una cierta complicidad y coquetería.

Negra dormida - Rembrandt

Negra dormida – Rembrandt

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El desnudo en el arte: Los imagineros españoles del siglo XVII

El siglo XVII en España no fue muy propicio para la representación del desnudo. La Contrarreforma en general y la Inquisición en particular, impusieron una rígida censura a  todo lo que consideraban licencioso. La excusa mitológica empezaba a estar mal vista y las obras de carácter religioso tampoco proveían materia adecuada para la representación del cuerpo desnudo. No todos los artistas podían gozar de la libertad de Velázquez, pintor real. Sorprende, por tanto, encontrar desnudos dentro de la obra de alguno de los imagineros más destacados del momento.

El artista más destacado de la escuela castellana de escultura fue, sin duda, Gregorio Fernández, cuyos Cristos yacentes, crucificados y piedades, son hoy el orgullo de Valladolid y su Semana Santa. Voy a mostrar dos obras de este autor.

San Gabriel - Gregorio Fernández

San Gabriel – Gregorio Fernández

La primera es una talla de 1,10 metros, una obra temprana en madera hueca policromada que representa al arcángel San Gabriel como un joven completamente desnudo. El cuerpo, extraordinariamente bien tratado muestra sin embargo una cierta idealización (alargamiento de las extremidades y el cuello). La policromía rosácea destaca la juventud del joven. Una postura aerodinámica y la posición de las manos (me recuerdan a las de un bailarín de danza clásica) le suministran elegancia y un cierto toque etéreo e ingenuo al mismo tiempo. La obra se la ha relacionado con el “Mercurio alado” de Juan de Bolonia, un florentino del siglo XVI y, ciertamente, el parecido de las posturas es muy grande.

Mercurio alado - Juan de Bolonia

Mercurio alado – Juan de Bolonia

El tratamiento del pelo y los ojos vítreos postizos serán los mismos que los que veremos en la obra posterior de este escultor, aunque en ésta el realismo y dramatismo de las figuras se vuelve dominante.

La segunda obra que les muestro de este autor es el “Ecce Homo”. Considerada por algunos como la pieza más destacada de Gregorio Fernández, muestra una talla en madera maciza de Cristo de tamaño natural. La imagen clasicista sorprende por la posición de los brazos y las manos que nos recuerdan a las de las Venus, clásicas o renacentistas. El cuerpo proporcionado y en contraposto tiene un color relativamente claro que destaca en la espalda los tonos rojizos y ocres de los golpes y la sangre. Muy característico de toda la obra de este maestro es la representación de un Cristo con cabello, bigote y barba muy abundante y rizada. Esta

Ecce Homo - Gregorio Fernández

Ecce Homo – Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo I - Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo I – Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo II - Gregorio Fernández

Ecce Homo desnudo II – Gregorio Fernández

última partida. Los ojos son postizos, como en la obra anterior. El paño de pureza con muchos y rígidos pliegues (una de las características del autor), no se encuentra labrado sino es un lienzo encolado superpuesto. El Cristo está desnudo.

Si Gregorio Fernández fue el centro de la imaginería de la escuela castellana, Alonso Cano es uno de los exponentes máximos de la otra escuela que existió en ese momento: la escuela andaluza. De su extensa producción escultórica, en la que destacan las imágenes de la Virgen en actitudes amables y muy alejadas del dramatismo de Gregorio Fernández, sólo conozco un desnudo, “El niño Jesús triunfante”. No se trata de una talla en madera sino una fundición en “peltre”, una aleación en la que domina el plomo, sobre la que se establece la policromía, muy cuidada en este caso. La imagen es tremendamente realista (no abundan los ejemplos de niños con apariencia de niños en la historia del arte hasta esa fecha), con barriga y ombligo destacados, un gracioso corte de pelo que se aleja de los característicos bucles y una mirada triste y melancólica.

Niño Jesús Triunfante - Alonso Can

Niño Jesús Triunfante – Alonso Can

Niño Jesús Triunfante (detalle) - Alonso Cano

Niño Jesús Triunfante (detalle) – Alonso Cano

Alonso Cano no sólo fue un escultor sino también un pintor prominente. Merece destacarse esta obra, “Descenso de Cristo al Limbo”, en la que aparece un desnudo de Eva cuidado y sugestivo tratado al modo de los artistas clásicos del renacimiento italiano (Tiziano, Tintoretto o Veronés). La obra estructurada en

Descenso al Limbo-Alonso Cano

Descenso al Limbo-Alonso Cano

diagonal dirige nuestra atención hacia los condenados (mirada de Cristo y de las dos figuras adultas) y de estos hacia la promesa de salvación (brazos de Cristo y bandera),

Descenso al Limbo (dibujo preparatorio) - A. Cano

Descenso al Limbo (dibujo preparatorio) – A. Cano

adquiriendo un cierto dinamismo. Hay mucho espacio sobre las figuras lo que destaca el carácter trascendente de éstas. La luz desde el vértice inferior izquierdo modela y aclara el cuerpo de Cristo y el de Eva. Es posible que la parte inferior izquierda, muy esbozada, indique que la obra está incompleta. No es seguro. Lo que si es cierto es el interés del autor por la misma puesta de manifiesto en la existencia de un dibujo preparatorio.

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El desnudo en el arte: Un comentario crítico de «El Espectador»

Les muestro un comentario que me parece interesante sobre el desnudo en el arte publicado por el diario «El Espectador» el pasado mes de agosto y que reenvía a Facebook el grupo «Naturismo de Tenerife, Naturismo en Tenerife».

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