Partimos de una dificultad, pues el término «modernismo» es uno de los más ambiguos cuando va referido al arte. Designa ocasionalmente cualquier tendencia vanguardista emplazada cronológicamente en el interregno de los siglos XIX y XX, pero también al estilo designado en Francia y Bélgica como «Art nouveau«, «Nieuwe Kunt» en los Paises Bajos, «Sezession» en Munich y Austria, «Jugendstil» en Alemania, «Modern Style» en Reino Unido y «Style Liberty» en Italia. Muchos nombres que ponen de manifiesto su extensión geográfica pero también pequeñas diferencias en sus formas de expresión. Pese a ello parece que la Historia del Arte pasa por este término «de puntillas», cuando se intenta referir al mundo de la pintura; no así al referirse a la arquitectura.
El modernismo supone una ruptura frente al academicismo, historicismo y o eclectivismo. Tuvo como uno de sus precursores a la «hermandad prerrafaelita» y se caracteriza por una búsqueda de la belleza a cualquier precio, endiosamiento y narcisismo. Es un movimiento que presta gran importancia a la ornamentación y, en los años 20, deriva en el «art déco«, que no debemos confundir con éste.
En su libro «El Modernismo» (Alianza, 1982), Robert Schmutzler introduce así, muy literariamente, el movimiento:
«Se llama Art Nouveau o modernismo aquel estilo que se desarrolló alrededor de 1900 cuyo leimotiv era un largo y sensual movimiento. Sus ondulantes trazos curvos, que hacen pensar en las algas y las lianas, asemejándose también a la manchada piel de una pantera o al brusco movimiento de un golpe de látigo, encuentran en el juego suave y centelleante, ya moderado o furioso, su razón de ser»
Quiero insistir que el modernismo pretende destacar la afinidad y síntesis entre las artes y da una gran importancia a la música. Sin embargo, la escultura está virtualmente excluida del movimiento, y la pintura tiene un carácter secundario frente a la arquitectura o las artes decorativas.
Lo ornamental determina el estilo en su conjunto. Líneas ondulantes y curvas vertiginosas que muestran amplios espacios vacíos. Fondo y forma pueden intercambiarse en ocasiones e, igualmente, lo que está delante y detrás. Las figuras adquieren una sensación de bidimensionalidad y el cromatismo, como forma de representación espacial, queda reducido a algo secundario, Se destaca la influencia del japonismo en el modernismo temprano.
Más compleja es la relación entre modernismo y simbolismo, un movimiento diferente con el que convivió en el tiempo. La figura de William Blake tuvo una gran influencia en los albores del movimiento.
«Los ornamentos del modernismo no son solamente decorativos, sino también significativos; se encuentran en una extrecha relación con una forma sentido, con un símbolo» (Schmutzler)
Caligrafía y símbolo se unen: «El modernismo convirtió por primera vez el cartel en unidad de escritura e imagen o de escritura y ornamento» (Schmutzler).
El tratamiento del cuerpo humano, en este movimiento es poco favorable al desnudo. El aspecto decorativo se impone y las figuras se vuelven estilizadas poco antropomórficas mas o menos sumergidas en un inmenso tejido ornamental.
Aunque he comentado que el modernismo no incidió demasiado en el mundo de la pintura, hubo muchísimos pintores destacados. A la hora de mostrar ejemplos, debo indicar que 36 artistas citados en el blog están asimilados a este movimiento artístico o asumieron en algún momentos sus postulados básicos. A efectos ilustrativos he presentado en este artículo alguna de sus obras.
Como elemento comparativo, la pintura de un simbolista:

















