El tiempo va pasando y este sábado, día ocho, me caen encima – bueno han ido cayendo poco a poco – esos 73 añacos. Aunque se aproxima esa fecha que suele considerarse como una frontera entre la vejez y la ancianidad, celebro éstos con optimismo porque me encuentro bien y con una maravillosa familia que este año se ha incrementado con un nuevo miembro. Espero almorzar con los que se encuentran hoy en Madrid, a saber, cuatro de mis mujeres (mi esposa, mi hija y su mujer, y mi nieta, la benjamina familiar). Esta breve estancia madrileña, regalo de cumpleaños, también me permitirá ver algunas exposiciones que, en mi todavía reciente visita a esta ciudad, no he podido admirar. Sigo con mis proyectos y entre ellos el de aprender a realizar fotografías de desnudo, tanto al aire libre como en el interior. Para eso último estamos acondicionando una pequeña habitación excéntrica de la casa – y tendente a convertirse en un almacén de inutilidades – en un pequeño estudio. Aquí les pongo unas pequeñas pruebas realizadas con la escasa luz natural que entra por la ventanita. La iluminación artificial vendrá pronto, si logro acomodarla.
Pero me olvidaba. Tengo que sumar otra celebración: El final, o casi, de una pesada obra de remodelación de las casa. Quedan aún algunas cositas, como la pintura de estas paredes:








































































































































































