Olga Costa (Leipzig, Sajonia, Alemania, 1913-1993) es una de las artistas mexicanas contemporáneas más destacadas de México. Su familia procedía de Ucrania y sufrió numerosos avatares por su activismo político, estableciéndose definitivamente en México en 1925. Durante la década de los 30, la familia participó activamente en la vida cultural de este país y, con Frida Kahlo, se la considera como el máximo exponente de la mexicanidad. En el libro «Olga Costa, un espíritu sensible», de Lorena Zamora Betancourt, se indica (citas en Otro Ángulo):
“Mexicanidad, sí, y no remedo, ni caricatura. Pues lo ‘mexicano’, como categoría estética, como emoción, como forma de tomar el toro de la sensibilidad por los cuernos, no se refiere a simples nociones de nacionalidad o de origen” (José Revueltas, acerca de los cuadros de Olga costa, 1941).
(Olga Costa) «elige a la mujer como imagen perfecta. En su obra, las figuras femeninas fijan la utopía de las formas en libertad y en lo irrepetible, la sensualidad femenina es el equivalente a la creación” (Carlos Monsiváis, 1993).
Igualmente, para el Museo de Mujeres Artistas, escribió:
Al representar la figura humana, Olga prefirió e hizo prevalecer en sus obras la imagen femenina. En gran medida se trataba de modelos indígenas de niñas, muchachas o adultas, con atuendos típicos o en sus labores cotidianas; en ocasiones fueron personajes ficticios y en otros casos la apreciación íntima de los cuerpos femeninos. Los primeros desnudos de la artista expresaron la sensualidad de las formas y el color de piel de la mujer indígena[…] Cabe mencionar un cuadro ingenioso como El duelo, de 1942, en el que la artista plasmó a dos mujeres con elegantes vestidos y sombreros, con el torso desnudo y florete en mano, en una escena irónica y ficticia: es el juego de la fantasía que se divierte en la elección de sus personajes.
Desgraciadamente, aunque encuentro muchos paisajes y bodegones, los desnudos son más bien escasos.






