El año pasado tuve la oportunidad de descubrir, en el Museo Reina Sofía de Madrid, la interesante obra de la artista Hugette Caland (Beirut, Líbano, 1931-2019). Esta artista feminista internacional que, sin embargo y pese a sus dos décadas de permanencia en Francia, vivió fuertemente arraigada a su país natal, rompió con los estereotipos relacionados con la cultura islámica respecto a la mujer, el cuerpo y la sexualidad. Su obra, multifacética, suele mostrar una gran simplicidad formal y es próxima al abstracto. Sobre esta exposición «Huguette Caland. Una vida en pocas líneas» nos comentan:
[…]»cuerpos, palabras y otras formas parecen dialogar y fusionarse para formar léxicos nuevos inaccesibles al discurso común. Se enriquece la comprensión de las conocidas pinturas y dibujos eróticos de Caland; trabajos que, más allá de la toma global de conciencia sobre la sexualidad de los años 60, son un componente central de un corpus de obra más amplio dedicado a la exploración de la libertad, la conexión, la ruptura y la transformación a través de la mirada de la artista, atravesada por sus vivencias y sus interacciones con los demás».
Caland diseñó para Pierre Cardin más de 100 kaftanes. En Ideel Arte podemos leer:
«Al igual que en sus pinturas y dibujos, sus caftanes fusionan los lenguajes visuales de la figuración y la abstracción. Muestran una serie de rostros y partes del cuerpo que se funden, transformándose ante nuestros ojos en paisajes surrealistas llenos de imponentes montañas y horizontes cambiantes. No sabemos si estamos viendo algo que se supone que debemos reconocer o si nos estamos mirando a un espejo abstracto. Son ejemplos ideales del sentido del humor que siempre ha guiado a Caland en su obra: mirarlos en un maniquí es una cosa; imaginarlos en una persona es otra. Al ponérselos, se expanden hasta convertirse en obras de arte flexibles, orgánicas y vivas. Divierten y deleitan con su gracia abstracta, para luego manifestarse lentamente como complejas encarnaciones de la feminidad, llenas de erotismo, compasión y humor: lo mejor que Caland ha encontrado en su búsqueda de sí misma».















