Sanya Kantarovsky (Moscú, Rusia, 1982) es un artista que trabaja diferentes medios y que centra su actividad en Nueva York, donde vive desde que tenía 10 años. Hoy ya es un comunicador con un gran reconocimiento en Europa y en los Estados Unidos. En Modern Art leemos:
«Su enfoque pictórico es iterativo e intuitivo, trabajando con versiones sucesivas de un motivo, mediante un proceso estratificado de adición y borrado. En pintura, especialmente, las superficies de Kantarovsky pueden adoptar diversas formas, desde charcos evaporados de disolvente y pintura hasta una espesa pasta o una planitud calcárea, que recuerda al fresco o la arcilla. Estos procesos mediatizados sirven para ampliar la brecha entre la mano y la superficie, oscureciendo la técnica.
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El efecto de las escenas del artista suele ser el de una sobreidentificación entre el cuerpo representado, el pintor y el espectador. Los sentimientos de compasión o repulsión suelen estar marcados por el humor, mientras que las escenas de daño o crueldad pueden estar marcadas por el deseo. Un dicho popular: detrás de cada miedo hay un deseo. Hay una cierta ambivalencia que parece preceder a la forma en que la obra de Kantarovsky anhela desbordarse de su plano, irresuelta y desinhibida».
Barry Schwabsky, comenta en ArtForum:
«“Mi trabajo, al menos a mi modo de ver”, afirmó Kantarovsky en una ocasión, “se basa en el hecho de que no sé lo que hago”. De hecho, a mi modo de ver, sus pinturas parecen producto de alguien con una destreza consumada, y si bien a veces pueden ser torpes en cuanto a la composición, siempre lo son conscientemente: su torpeza, en otras palabras, no es necesariamente deliberada, sino que se acepta como una necesidad dada la torpeza de los sentimientos que las pinturas pretenden transmitir.
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A pesar de su dominio de la alquimia de la pintura, Kantarovsky posee la destreza de un dibujante o caricaturista con los pequeños matices de la línea que resumen un personaje o una actitud; una habilidad que a veces puede ser su propia recompensa y, quizás por esa razón, provoca desconfianza, incluso en el propio artista».


















