Casi olvidado por la hipocresía que envolvió a la sociedad franquista, Gabriel MorcilloRaya (Granada, España, 1887-1973) comienza a reivindicarse como un artista interesante que, alejado de las vanguardias del siglo, creó una pintura realista, con un fuerte componente orientalista, basada en jóvenes varones semidesnudos. También existen algunos retratos femeninos, pero el carácter ambiguo que reflejan las miradas de algunos de sus retratados, sugieren un oculto mundo queer (Estaba casado, tenía una hija y retrató a Franco). Como tal se le reivindica en un artículo del blog Atroz con Leche. Hugo Beccacece, en la Nación, escribió:
«El orientalismo de Morcillo era una representación, los personajes de sus cuadros eran muchachos granadinos “disfrazados” de marroquíes. Los modelos de Morcillo, unos quince, eran siempre los mismos: las caras, las ropas, los cuerpos desnudos, las expresiones picarescas, provocadoras y de una sexualidad rica en sobrentendidos, se repetían. No sólo había efebos en esas telas, también había una mujer muy hermosa, Conchita, que brillaba tanto desnuda como vestida, mezclada con los hombres en comportamientos disolutos, ofensivos para la España católica y, más tarde, falangista».